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2 de abril de 2018

Ejecutados

Los árboles los empuja el aire, pero los tira el hombre en el momento en que deja de preocuparse por ellos

Los árboles nos cuidan desde que nacemos. Nos protegen del sol, purifican nuestro aire. Alegran nuestros barrios y campos, hospedando de forma gratuita (algo no muy común en los humanos), a las aves que por medio de sus cantos, nos hacen reconciliarnos con la naturaleza. Relajan nuestra vista, nuestro oído con el sonido  que el aire produce en sus ramas. Un árbol nos espera siempre en el mismo sitio como el mejor amigo: para lo bueno y para lo malo. Nos ofrece un ejemplo de fortaleza, de adaptación al cambio; de inmensa paciencia y control. Se eleva hacia arriba por encima de nosotros sin perder la humildad y la grandeza que con los años adquirirá su copa.

El árbol no es solo un árbol. Es una enorme ciudad formada por numerosos seres vivos que habitan en él, como es el caso de los líquenes, de los insectos o de las aves. Su savia es más sabia que nuestra sangre, porque está en conexión directa y permanente con su entorno. Estos adorables y bondadosos seres que nunca hacen mal a nadie, y que están desgraciadamente acostumbrados a recibir un trato mucho peor del que ellos nos dan, deberían de tener por la fidelidad y los beneficios que nos reportan día a día, unos mínimos derechos en compensación a su ejemplar comportamiento.

Lo cierto es que desde hace años, pasear por la ciudad se ha convertido para los madrileños, en una actividad más triste y peligrosa que antaño. Triste por los fallecimientos y los heridos que provoca un arbolado mal cuidado debido a una insuficiente inspección por parte de la Administración, y peligrosa para la integridad física y respiratoria de las personas, ya que la calidad del aire empeora cada vez que se tala un árbol. Árboles medio centenarios que han contribuido durante tantos años al bienestar de la ciudad y de sus ciudadanos.

Los árboles ya no mueren de pie como decía el dramaturgo español Alejandro Casona en una de sus obras. Los árboles los empuja el aire pero los tira el hombre en el momento en que deja de preocuparse de ellos. “Porque si la copa de una árbol está bien podada y proporcionada, es muy difícil que se caigan”, me decía un ex jardinero de la urbanización "La Moraleja", vecino de Alcobendas, mientras contemplaba en el suelo uno de estos bellos ejemplares.

A la lista de fallecidos el verano de 2014, en el cual dos hombres murieron (uno en El Retiro, y otro en Santa Eugenia), se ha añadido hace unos días la muerte de un niño de cuatro años. Un auténtico drama para la familia, y un nuevo aviso para el Consistorio. Una muerte no menos triste para los árboles colindantes al fallecido, que habrán notado ese día como sus raíces se soltaban de las suyas propias, para no volver nunca más a sentirles vivos entre las propias. Y es que los ciudadanos desde hace tiempo, se han acostumbrado al sonido escalofriante de las motosierras, y los jardineros, ya no son vistos como aquellos operarios que plantaban y cuidaban los jardines, sino como auténticos verdugos encargados de decapitar las copas y las ramas de los árboles.

Solo el año pasado, el Consistorio reconoce haber talado 10.000 árboles. El Ayuntamiento según sus palabras se ha dedicado a priorizar los trabajos de poda y tala en lugar de compatibilizarlas con los de replantación. Una tala indiscriminada que se ha efectuado “al detectarse en ellos defectos estructurales o de vigor lo suficientemente importantes como para aconsejar su sustitución” (sic). Una sustitución que desde hace años no ven los ciudadanos al lado de los árboles talados (eufemismo de ejecutados). Una bonita forma de agradecer  a la naturaleza los servicios prestados, a la sociedad, y de ahuyentar a las aves que acompañan a sus vecinos, y se cobijan a diario en sus ramas.

La respuesta del Ayuntamiento ha sido el pasado mes de diciembre, la aprobación de un gasto de 30.673.514 euros (que se podría haber desembolsado antes), destinado a resolver incidencias y a realizar inspecciones continuas. Según la delegada de Medio Ambiente, Inés Sabanés se procederá a revisar todos los árboles en edad relativa madura, vieja o decrépita, y que aproximadamente se sitúa en 545.500 ejemplares.

Al parecer en el plan no está incluido el saneamiento de árboles jóvenes que presenten enfermedades, podas deficientes o mal ejecutadas. El plan prevé la renovación tardía y no in situ en el momento de la tala, de un proyecto de renovación del arbolado cifrado en 1.150.700 euros. La intención del Consistorio es que se replanten 770 unidades en los distritos incluidos en el contrato, y 423 en el tramo afectado del Paseo de la Castellana.

Además de este proyecto extraordinario (el de tala ha sido un proyecto más de diario), el Consistorio prevé que se planten entre el año pasado y este un total de 19000 árboles, es decir según sus propias palabras “se plantarán más árboles de los que se han talado” (sic). Ante esta exposición del Ayuntamiento uno se pregunta si es que los ciudadanos van perdiendo vista, o es que el arbolado animado de Cibeles, les impide ver el bosque. Porque no hace falta más que darse una vuelta por distritos como Hortaleza para que sus vecinos les acompañen amablemente a las tumbas verdes abiertas desde hace años en espera de replantación.

El despropósito de la Alcaldía es tan evidente, que hasta el nombre que lleva el proyecto (SER + verde), se aleja de su objetivo, ya que hasta que los supuestos árboles que se planten, no recuperen la frondosidad de sus antepasados, los ciudadanos seguirán respirando una peor calidad del aire. Y como consecuencia de la deficiente inspección demostrada hasta ahora, los ciudadanos tendrán que seguir llamando al Ayuntamiento para recordarle sus funciones como son: corte de césped, poda de arbustos, limpieza de zonas verdes, adoquinado deteriorado, fuentes inoperativas, ramas peligrosas, etc…

La socorrida excusa de los contratos blindados contraídos por el Partido Popular madrileño con algunas empresas adjudicatarias, hasta el año 2021, no es un argumento que debería emplear un Consistorio responsable, ni le exime de sus funciones. Porque si los ciudadanos han padecido (y aún padecen), una grave crisis económica, el Consistorio no les exime del pago de sus tributos, ni del ejercicio responsable que tienen como habitantes de esta ciudad.

José Luis Meléndez. Madrid, 29 de marzo del 2018

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