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9 de octubre de 2017

Seny

Solo a través del Seny, pueden llegar a derribarse los muros ideológicos, sociales y culturales que pretenden separar lo catalán de lo español y lo europeo

Algo falla cuando los principios ideológicos son capaces de fracturar los lazos emocionales que nos unen como seres humanos. Cuando el independentismo se convierte en separatismo y termina por romper relaciones familiares, de amistad e incluso de pareja. Es connatural al ser humano, que en determinados momentos de la vida, éste pierda el control, reflexione, rectifique, y vuelva a reconciliarse consigo mismo y los demás. Lamentablemente España no atraviesa por uno de estos episodios.

Ha fallado la política, la justicia tarda, y está por cumplirse, y las Fuerzas de Seguridad y los ciudadanos han pagado muy caras las consecuencias. La imagen de España se ha visto resentida de una manera sustancial. La ciudadanía, de manera especial los catalanes, están sufriendo en primera persona el cansancio emocional que provoca la impotencia de los hechos, y la profunda tristeza invade el corazón de todos, cuando afloran del recuerdo las duras imágenes de los enfrentamientos entre paisanos del 1-O.

Es posible que muchos de los catalanes que experimentaron la incuestionable y gratificante sensación de votar aquel día, hoy no lo estén tanto, al observar las consecuencias y el cariz que durante estos días está adquiriendo el amago secesionista. Las reservas hoteleras han descendido más de un 30%, y la inversión exterior hace lo propio. La política ha llegado a intoxicar la saludable afición del deporte, y empresas catalanas emblemáticas (Caixabank, Banco Sabadell, Aguas de Barcelona, o Gas Natural, entre otras) que han contribuido al desarrollo económico y social de esa maravillosa tierra, se han adelantado a un inminente escenario soberanista, y han trasladado sus sedes fiscales al exterior, como medida preventiva a los planes aún desconocidos del separatismo catalán. Un escenario anticipatorio y lo suficientemente preocupante, si se tiene en cuenta que estos son solo los primeros movimientos institucionales.

El nacionalismo radical, como sentimiento único y excluyente del sentir europeo, catalán o español, es un absurdo y lamentable anacronismo en una democracia, y en una sociedad avanzada del siglo XXI. La actitud de muchos ciudadanos ha sido consecuencia de una manipulación mediática y de una tergiversación histórica. Los sentimientos de odio inculcados y acumulados durante años, no se han hecho esperar. Se ha hablado mucho de la violencia física de las cargas policiales, y muy poco de la violencia psicológica materializada en los escraches que han sufrido las Fuerzas de Seguridad. Tampoco se ha oído hablar del ciberacoso que han padecido algunos periodistas catalanes y corresponsales extranjeros, por no adherirse en sus informaciones al proceso soberanista. Muchos ciudadanos se preguntan: ¿acaso forma esta “democracia”, parte de la futura república catalana?

A estas alturas del partido, se hace necesario un descanso, con objeto de apaciguar los ánimos, guardar las banderas, escuchar al otro, y con la fuerza negociadora que otorga la proporcionalidad de apoyo social, con la ley en la mano, iniciar un dialogo a través del cual se vayan logrando acuerdos parciales sobre los diversos temas que se han de abordar.

Si se tiene en cuenta la escasa participación de la minoría ruidosa que ha formado parte de las concentraciones de ciudadanos que han tenido lugar tanto en las calles, y alrededor de las urnas, no es difícil llegar a la conclusión de que no han supuesto un escenario, ni un ejercicio real de democracia. La mayoría educada (silenciada y silenciosa), más temerosa que prudente, ha salido por fin este domingo a las calles de varias provincias, para defender los colores comunes que nos han mantenido unidos durante varios siglos, como son la Senyera y la bandera española.

Este fin de semana la mayoría silenciosa, impulsada por sentimientos nobles de hermandad, de madurez, y de responsabilidad, en un gesto de generosidad, han salido a las calles para reclamar diálogo, y para intentar solucionar lo que la política ha sido incapaz de solucionar en sus despachos. La mayoría responsable ha respondido con los mismos colores a una posible e inminente DUI (Declaración Unilateral de Independencia), con una DUF (Declaración de Unidad Fraternal). Porque saben que solo a través del Seny (sentido común), pueden llegar a derribarse los muros ideológicos, sociales y culturales que pretenden separar lo catalán de lo español y lo europeo.

José Luis Meléndez. Madrid, 8 de octubre del 2017

José Luis Meléndez. Madrid, 8 de octubre del 2017
Fuente de la imagen: YouTube.com


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