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31 de octubre de 2017

Las tres plumas

La Pluma en Ristre, es un blog que está formado por tres plumas: La Pluma Azul, La Pluma Verde, y La Pluma Roja.

La Pluma Azul, o pluma genérica, escribe sobre distintos géneros, como relatos, ensayos, cuentos, poemas, etc…

La Pluma Verde, trata sobre temas de ambiente, naturaleza, animales, cambio climático, etc…

La Pluma Roja o pluma social escribe sobre temas sociales, por medio de columnas, aunque también tiene algún poema de este género.

En determinados textos, según la temática, algunas plumas se unen.

José Luis Meléndez. Madrid, 31 de octubre del 2017

30 de octubre de 2017

De aquellos polvos

El nacionalismo, la extrema derecha, el populismo, y el independentismo resurgen con fuerza en Europa como consecuencia de las políticas conservadoras

Las reticencias iniciales del gobierno de Rajoy, a la hora de aplicar el artículo 155, han caído en saco roto ante la insistencia de Albert Rivera, único partidario de una intervención “light”, como reconoció públicamente Pedro Sánchez. Ni la convocatoria de elecciones solicitada por el gobierno a Puigdemont, hubiera sido capaz de parar la ejecución de dicho artículo. El Psoe en última instancia, ha sido más partidario de una intervención “breve y limitada”.

La resultante de todas las presiones (gobierno, oposición, Europa, CUP, ERC, JxSí, e incluso del PDeCAT), ha empujado al President de la Generalitat a someter a votación la declaración unilateral de independencia (DUI), en forma de república. El sector soberanista ha conseguido su propósito gracias a una estrategia bien calculada. La situación ha llegado a tal punto, que el gobierno español, se ha visto en la necesidad de activar y televisar por vez primera el artículo 155 de la Constitución, por la vía de urgencia, para sonrojo de los ciudadanos.

Las primeras medidas adoptadas por el gobierno, se han centrado en la destitución de toda la cúpula de la Generalitat. Como golpe de efecto, el Presidente de Gobierno ha anunciado la convocatoria de elecciones autonómicas en dicha autonomía, con objeto de volver a la normalidad, y a la legalidad vigente cuanto antes. Hoy los indignados, a diferencia de años atrás, portan banderas españolas. El nacionalismo, la extrema derecha, el populismo, y el independentismo, son movimientos que resurgen con fuerza en Europa como consecuencia de las políticas conservadoras, y de la falta de empatía de los líderes europeos.

El señor Jean Claude Juncker, ha manifestado públicamente a través de unas declaraciones recientes, que "no le gusta la idea de una Europa con noventa y ocho Estados independientes". A juzgar por el nacimiento del 15M, y el resurgimiento de otros movimientos, los ciudadanos europeos no deben estar ni sentirse muy contentos desde hace tiempo en el seno de La Unión. Ni tampoco debió ser de su agrado, tener que llevar a cabo, los sacrificios que años atrás venían de Europa, y que aún hoy siguen haciendo. Así que es muy posible que si el señor Juncker no cambia de política, dentro de unos años ya se haya acostumbrado a la aparición de estos movimientos, y no haga este tipo de declaraciones sobre sus gustos personales.

El bipartidismo en España ha sido el caldo de cultivo de algunos nacionalismos, como el vasco y el catalán. Cito textualmente las palabras del artículo “El retroceso del poder central” (Diario El País, 21 de octubre, páginas 22 y 23), firmado por Juan José Mateo: “Tanto Felipe González como José María Aznar, y José Luis Rodríguez Zapatero, llegaron a pactos de investidura con partidos nacionalistas. A cambio estos obtuvieron la gestión de nuevas competencias en estas comunidades” (sic). Como consecuencia de ello hoy “solo el 9% de los empleados públicos en Cataluña, pertenecen a la Administración central”.

Ante esta situación, el Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad “Pompeu Fabra”, advierte al Estado: “van a tener un problema para traducir las decisiones en hechos”, ante la falta de músculo estatal en dicha Comunidad. Como muestra de la falta de estructuras del Estado en Cataluña, el articulista ilustra con un ejemplo los 6000 policías nacionales y guardias civiles desplazados a la zona, que se alojan en tres cruceros atracados en los puertos de Barcelona y Tarragona, en condiciones precarias.

Mucho más explícito es Josep Piqué, Exministro y expresidente del Partido Popular Catalán, en una entrevista en la página siguiente del mismo periódico: "Los gobiernos de España, no han hecho política en Cataluña”, o lo que es lo mismo: los distintos gobiernos, no han sabido vender La Marca España en su propio país, mientras algunos expresidentes se dedicaban a hablar catalán en la intimidad.

Nadie imaginaba que después de la legislatura anterior de los consabidos y estremecedores decretazos semanales, llevados a cabo por el PP, se viera este en la tesitura de ejecutar el artículo 155 de la Carta Magna. El Presidente Rajoy, se ha acostumbrado a conducir la política española (no tanto la de su partido), con el piloto automático de la justicia. Como si los síntomas emocionales del nacionalismo y del independentismo pudieran tratarse judicialmente. Es posible que el gobierno gane la batalla legal al secesionismo, pero la contienda estratégica, la ha ganado el independentismo catalán, al cumplir su objetivo.

Dentro de un mes y medio, el tripartito (si no sufre fisuras), se presentará al Pueblo catalán, y le pedirá su confianza, en un momento en que la volatilidad de las emociones y los recuerdos recientes, pueden arrojar una posible victoria soberanista. Entonces el responsable de ese escenario ya no será el señor Puigdemont. Sería un error imperdonable que como consecuencia de la aplicación de dicho artículo, se crease en Cataluña la inestabilidad social y política que esta región evitó de una forma responsable, por medio de su apoyo institucional al Estado español, durante varias legislaturas.

Entretanto, mientras no desaparezcan las banderas españolas de los balcones, la sociedad española seguirá intervenida emocionalmente y preocupada por las consecuencias del 155. Y con dicho artículo, El Estado se habrá aplicado su propia medicina. Sin caer seguramente en la cuenta, que de aquellos polvos, nos vienen hoy estos lodos.

José Luis Meléndez. Madrid, 29 de octubre del 2017
Fuente de la imagen: Flickr.com

22 de octubre de 2017

Declaraciones e intervención

Los ciudadanos que esperaban de sus representantes una solución a sus problemas, han visto cómo sus líderes se han convertido en un problema para ellos

La decisión de la intervención estaba tomada el día anterior, en la cual se hizo entrega de los Premios "Princesa de Asturias". Un acto al que fueron invitados el Presidente de Gobierno y destacados líderes europeos. Una presencia que ha servido para cerrar filas con el gobierno español, a pesar de la equidistancia inicial, las llamadas al diálogo, en un tema que según los líderes europeos, era competencia exclusiva del Estado español.

No se trataba de independencia “si” o “no”. El objetivo era llegar a un acuerdo consensuado por las dos partes, que lograra desbloquear la situación. Existían varias alternativas (con la correspondiente contrapartida de la anulación de la proclamación de la independencia), que no han llegado a ponerse encima de la mesa, como la reforma del Estatuto de Autonomía, y de la Constitución, a través de las cuales, el pueblo catalán se sintiera actor y partícipe. El gobierno de Rajoy no ha sabido seducir a los catalanes, a través de un nuevo Procés, legal, limpio y transparente. Tampoco se ha ofrecido ningún líder de la oposición para mediar en el conflicto, desde que este estalló, a excepción del de Miquel Iceta a última hora. La crisis política, ha derivado en un problema institucional de Estado.

Si el gobierno de la Generalitat vulneró los principios democráticos de la Cámara, los días 6 y 7 de septiembre, y permitió la celebración del referéndum sin las mínimas garantías, no menos cierto es que el sr. Puigdemont, venciendo las presiones de la CUP, de Europa, e incluso de parte de su partido, llegó a proponer un espacio sin tiempos, para llegar a un acuerdo. Incluso dejó meridianamente claro y por escrito, en la contestación al segundo requerimiento que su grupo no había votado declaración alguna de independencia. Poca disposición se muestra a un diálogo sincero, si el primer gesto que se ofrece a la otra parte es vestirse con la toga del artículo 155, y se le acompaña de una pregunta escueta en forma de test, con la respuesta de un monosílabo.

Hace apenas seis años el Pueblo Español, salió de forma pacífica a las calles como respuesta a las políticas antisociales del Partido Popular, y demandando soluciones a sus problemas. Eran ciudadanos que se sentían ignorados e indignados. Los ciudadanos españoles llevan años acudiendo por parte de los líderes de las principales formaciones más representativas del país, a una serie de declaraciones diarias, públicas y televisadas. Esto evidencia la falta de diálogo y la escasa voluntad que emplean en resolver los problemas de Estado que afectan desde hace años a la sociedad española. En lugar de reunirse con el señor Puigdemont, las veces que haga falta, se le emplaza a acudir al Congreso, mientras se dialoga fuera de la Cámara con las demás fuerzas del arco parlamentario. Esta negativa, lamentablemente, no solo afecta al señor Puigdemont y al resto de catalanes, sino al resto de españoles que día tras día, preocupados e impotentes asisten a un nuevo capítulo de los ya habituales desencuentros institucionales. De esta forma, los ciudadanos que esperaban de sus representantes una solución a sus problemas, han visto cómo sus líderes se han convertido en un problema para ellos.

La activación del artículo 155 el día 21 de octubre, abre un nuevo escenario que marcará la Historia de los próximos años, si el señor Puigdemont no convoca elecciones autonómicas. Pero más que el artículo constitucional en cuestión, quedará por ver si son constitucionales y democráticas, las medidas que de él se aplican, y con los que pretende en apenas seis meses el señor Rajoy solucionar lo que no ha logrado en más de una legislatura y media, con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos. Desde un amplio sector de la sociedad se cuestiona la aplicación de dicho artículo no ya por su momento tardío, sino por la efectividad y las consecuencias que de él puedan derivarse, si se tiene en cuenta el alto porcentaje de la sociedad catalana que está favor de la secesión. Lo paradójico y a la vez inaudito de la situación “ilegal”, una vez aplicado el artículo 155 de la Constitución, es que la forma de aplicarlo evoca el ambiente preconstitucional antes de la llegada de la democracia a España. ¡Cuánto sufrimiento se hubieran evitado los ciudadanos, si se hubiera defendido en su día, con el mismo ainco, el artículo 135 de la Carta Magna!

El tripartito constitucional y democrático ha tardado menos tiempo en ponerse de acuerdo para aplicar el artículo 155, que para formar gobierno, ha desoído las peticiones de diálogo de un amplio sector de la población, y ha preferido no consultar con las respectivas bases de sus partidos, la aplicación de dicha medida. El señor Rajoy le pide además al señor Puigdemont la normalidad que no ha demostrado su partido, y la legalidad que le ha faltado a muchos de sus miembros. La autonomía, ha declarado el señor Rajoy, no está suspendida. De lo que no debe estar muy seguro ni él, ni el tripartito intervencionista, es que la decisión de intervenir la autonomía catalana, vaya a ser aprobada en un futuro, en función de sus efectos, por la mayoría de españoles (los exámenes se aprueban una vez hechos, no antes).

Un buen político, no necesita llegar al punto de tener que aplicar una ley nacional por la vía de urgencia. Le sobra con el diálogo. Nadie se imagina a Adolfo Suárez, encarcelando a Santiago Carrillo, por haber actuado en su día al margen de la ley. Las batallas se saben cómo empiezan, pero nunca como acaban, dice un dicho popular. El tiempo dirá a los ciudadanos si esta era la vía más adecuada, y si la aplicación “light” que el equipo médico del tripartito constitucional, fue una intervención "ambulatoria" o un ingreso hospitalario, largo y doloroso, que en su momento requirió de algo de anestesia, y un mínimo de estrategia.


José Luis Meléndez. Madrid, 21 de octubre del 2017
Fuente de la imagen: commons.wikimedia.org

13 de octubre de 2017

155 palabras

El señor Rajoy está dispuesto a intervenir Cataluña, después de haber permanecido impasible durante estos años

"Sin ley no hay democracia", exclamó ayer en el Congreso de los Diputados el Presidente del Gobierno, al señor Iglesias. Con esta afirmación, el señor Rajoy, confirma su indisposición a hablar dentro del marco que según él, la ley le otorga (todas las leyes en su fase inicial son ilegales, hasta que son aprobadas).

A estas alturas, uno se pregunta si el PDeCAT, la CUP, Y ERC, son partidos ilegales. Que las propuestas no se ajusten a derecho, no le excusa al presidente de su obligación de escuchar cualquier tipo de propuestas encaminadas a desbloquear la grave situación por la que atraviesa España.

A tenor de la lógica puesta de manifiesto en la escueta y socorrida cita Rajoniana, se puede concluir por tanto, que no fueron demócratas, aquellas personas que durante el Franquismo lucharon en la clandestinidad (al margen de la ley), para traer la democracia de la que ahora disfrutamos todos, incluido el señor Rajoy.

Peor que el nacionalismo de una región, es el patriotismo de una nación, le ha venido a replicar el diputado nacionalista Aitor Esteban, al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en vísperas del día de La Hispanidad. Un día por cierto, en el cual no han acudido a la Fiesta Nacional, los diputados nacionalistas de Navarra, País Vasco y Cataluña.

Le ha faltado al señor Rajoy y al Partido Popular, un mínimo grado de autocrítica y de responsabilidad, ante la pasividad manifiesta ejercida durante la Legislatura, con respecto al tema catalán, y le ha sobrado al PSOE y a Ciudadanos, la complicidad, la objetividad y la gallardía suficientes para recordárselo a dicho grupo en la Cámara.

Una actitud hasta cierto punto comprensible, si se tiene en cuenta que los políticos hablan más de lo que dialogan, y dialogan más de lo que se escuchan (el arte de la oratoria no incluye la facultad de escucha). El discurso parlamentario ha perdido la erótica parlamentaria de antaño: sus tics, sus toques, y aquellos guiños con los cuales se pretendía y conseguía seducir al otro, para provocar acuerdos. Eran los "ritos de apareamiento" a los que aludía Xavier Arzalluz.

Ahora en el Congreso se platica, se suplica, y se despotrica, y se ha perdido con la llegada de la nueva y joven generación, el arte de la palabra. El Congreso, como demostraron los Padres de La Constitución, no es el lugar apropiado para llegar a acuerdos. Si lo son por el contrario aquellos sitios en los que reina un ambiente distendido, existe igualdad de tiempos, y se está al margen de la solemnidad, la pomposidad y la rigidez que impone el ritual político y litúrgico.

La comunicación es uno de los pilares fundamentales de la política, y de las relaciones humanas. Sin dialogo no existe entendimiento, y sin acuerdos, son inviables los proyectos. El señor Puigdemont ha firmado la Independencia de Cataluña, pero no la ha proclamado. La ha dejado sin efecto, de manera temporal (con el correspondiente enfado de la CUP), con objeto de abrir una nueva etapa de diálogo. El señor Rajoy ha obviado otra oportunidad, y ha iniciado su "diálogo" a la gallega, con una escueta pregunta cerrada, en forma de requerimiento legal, activando con ello, el artículo 155 de la Constitución, abriendo así un nuevo escenario incierto y de consecuencias impredecibles.

Ni los ciento cincuenta caracteres de Twitter, ni las 155 palabras de diálogo que los españoles le reclamaron a Rajoy, han surtido efecto. El señor Rajoy está dispuesto a intervenir Cataluña, después de haber permanecido impasible durante estos años. Como si sus políticas no fueran responsables del aumento del Populismo y del Independentismo en España.

José Luis Meléndez. Madrid, 12 de octubre del 2017
Fuente de la imagen: commoms.wikimedia.org

9 de octubre de 2017

Seny

Solo a través del Seny, pueden llegar a derribarse los muros ideológicos, sociales y culturales que pretenden separar lo catalán de lo español y lo europeo

Algo falla cuando los principios ideológicos son capaces de fracturar los lazos emocionales que nos unen como seres humanos. Cuando el independentismo se convierte en separatismo y termina por romper relaciones familiares, de amistad e incluso de pareja. Es connatural al ser humano, que en determinados momentos de la vida, éste pierda el control, reflexione, rectifique, y vuelva a reconciliarse consigo mismo y los demás. Lamentablemente España no atraviesa por uno de estos episodios.

Ha fallado la política, la justicia tarda, y está por cumplirse, y las Fuerzas de Seguridad y los ciudadanos han pagado muy caras las consecuencias. La imagen de España se ha visto resentida de una manera sustancial. La ciudadanía, de manera especial los catalanes, están sufriendo en primera persona el cansancio emocional que provoca la impotencia de los hechos, y la profunda tristeza invade el corazón de todos, cuando afloran del recuerdo las duras imágenes de los enfrentamientos entre paisanos del 1-O.

Es posible que muchos de los catalanes que experimentaron la incuestionable y gratificante sensación de votar aquel día, hoy no lo estén tanto, al observar las consecuencias y el cariz que durante estos días está adquiriendo el amago secesionista. Las reservas hoteleras han descendido más de un 30%, y la inversión exterior hace lo propio. La política ha llegado a intoxicar la saludable afición del deporte, y empresas catalanas emblemáticas (Caixabank, Banco Sabadell, Aguas de Barcelona, o Gas Natural, entre otras) que han contribuido al desarrollo económico y social de esa maravillosa tierra, se han adelantado a un inminente escenario soberanista, y han trasladado sus sedes fiscales al exterior, como medida preventiva a los planes aún desconocidos del separatismo catalán. Un escenario anticipatorio y lo suficientemente preocupante, si se tiene en cuenta que estos son solo los primeros movimientos institucionales.

El nacionalismo radical, como sentimiento único y excluyente del sentir europeo, catalán o español, es un absurdo y lamentable anacronismo en una democracia, y en una sociedad avanzada del siglo XXI. La actitud de muchos ciudadanos ha sido consecuencia de una manipulación mediática y de una tergiversación histórica. Los sentimientos de odio inculcados y acumulados durante años, no se han hecho esperar. Se ha hablado mucho de la violencia física de las cargas policiales, y muy poco de la violencia psicológica materializada en los escraches que han sufrido las Fuerzas de Seguridad. Tampoco se ha oído hablar del ciberacoso que han padecido algunos periodistas catalanes y corresponsales extranjeros, por no adherirse en sus informaciones al proceso soberanista. Muchos ciudadanos se preguntan: ¿acaso forma esta “democracia”, parte de la futura república catalana?

A estas alturas del partido, se hace necesario un descanso, con objeto de apaciguar los ánimos, guardar las banderas, escuchar al otro, y con la fuerza negociadora que otorga la proporcionalidad de apoyo social, con la ley en la mano, iniciar un dialogo a través del cual se vayan logrando acuerdos parciales sobre los diversos temas que se han de abordar.

Si se tiene en cuenta la escasa participación de la minoría ruidosa que ha formado parte de las concentraciones de ciudadanos que han tenido lugar tanto en las calles, y alrededor de las urnas, no es difícil llegar a la conclusión de que no han supuesto un escenario, ni un ejercicio real de democracia. La mayoría educada (silenciada y silenciosa), más temerosa que prudente, ha salido por fin este domingo a las calles de varias provincias, para defender los colores comunes que nos han mantenido unidos durante varios siglos, como son la Senyera y la bandera española.

Este fin de semana la mayoría silenciosa, impulsada por sentimientos nobles de hermandad, de madurez, y de responsabilidad, en un gesto de generosidad, han salido a las calles para reclamar diálogo, y para intentar solucionar lo que la política ha sido incapaz de solucionar en sus despachos. La mayoría responsable ha respondido con los mismos colores a una posible e inminente DUI (Declaración Unilateral de Independencia), con una DUF (Declaración de Unidad Fraternal). Porque saben que solo a través del Seny (sentido común), pueden llegar a derribarse los muros ideológicos, sociales y culturales que pretenden separar lo catalán de lo español y lo europeo.

José Luis Meléndez. Madrid, 8 de octubre del 2017

José Luis Meléndez. Madrid, 8 de octubre del 2017
Fuente de la imagen: YouTube.com


3 de octubre de 2017

El zorro

Con el “Plan conejo”, el Comandante Maduro, pretende que los ciudadanos críen en sus casas este inocente animal

Que el señor Maduro teme más por su vida que por la de muchos de sus ciudadanos que se ven en la necesidad de comer de la basura para subsistir, ha quedado más que evidente. Excusa que ha utilizado para dejar plantada con su ausencia a la Asamblea General de la ONU (Organización de Naciones Unidas): “Yo este año decidí no ir a Naciones Unidas por razones de seguridad, porque tenía información de posibles atentados de sectores extremistas que tienen poder en los Estados Unidos”. Una actitud muy poco bolivariana la del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, si se compara no solo con los numerosos viajes al exterior que el ex caudillo y General venezolano Simón Bolívar realizó por Europa y Latinoamérica, sino por la valentía que demostró este último, cuando se presentó ante el Congreso de Nueva Granada, para que se le juzgase por haber perdido las tropas que se le habían confiado. Cosas de la graduación.

Pues bien, con objeto de aliviar (y de paso reconocer de una forma implícita), la escasez de alimentos básicos por las que atraviesa Venezuela, el Jefe del CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción), Freddy Bernal, ha presentado a mediados de septiembre, un proyecto incluido dentro del programa “Agricultura Urbana”, al que se le ha dado el nombre de “Plan conejo”. A través de dicho plan, se ha procedido a la entrega de un primer lote de conejos, en cerca de 15 comunidades y barriadas. La sorpresa no tardó en hacerse esperar, y Bernal se encontró con la siguiente escena: “la gente tenía los conejitos con un lazo”. Con este programa, el gobierno (cada día más militarizado del comandante bolivariano), pretende que los ciudadanos críen con fines gastronómicos en sus casas este inocente animal. La cara que se les debió quedar a los venezolanos al conocer esta medida, no ha debido de ser la misma que esbozó en aquellos tiempos don Simón Bolívar, después de vencer a los Realistas en la batalla de Carabobo. Entre otras cosas porque el conejo en Venezuela está considerado como una mascota.

En lugar de rectificar después de entender lo que pasaba allí, Bernal llegó a una sabia y democrática solución: “Hay que hacer una campaña” para que “el pueblo entienda que el conejo no es una mascota, sino dos kilos y medio de carne” (sic). El sorprendente plan no especifica si la medida es de aplicación retroactiva, y los ciudadanos pueden empezar a sacrificar las preciadas mascotas que durante largo tiempo les han acompañado y proporcionado más y mejores atenciones que su Comandante en Jefe. Un olvido que al parecer no reviste la menor importancia para el Ministerio Nacional del Maltrato Animal, que muy posiblemente prevé instaurar con este primer germen el ex chófer presidencial.

Al Presidente al parecer no le basta con las represiones y la torturas humanas con las que tiene atemorizadas a la población, y pretende ahora imponer a través de este hipotético Ministerio, la pena capital a determinados miembros de las familias venezolanas como son las mascotas, lo cual no deja de constituir una ofensa a la inteligencia y a los sentimientos del pueblo venezolano. La medida evidencia la grave desconexión social en la que vive el Comandante. Los venezolanos han criticado la medida, ya que antepone el sacrificio de animales, al abastecimiento basado en una nutrición completa por medio de productos básicos como el arroz y el azúcar.

No garantizar las necesidades básicas de los ciudadanos, es motivo más que suficiente para que el caudillo bolivariano se quite su chistera, libere a los conejos, abandone su patria, y conozca nuevos mundos.

Hasta la fecha no han trascendido los datos del peso del Comandante en Jefe, ni del Presidente electo, pero observando el nutrido aspecto que presentan los dos, bien podría deducirse que cada uno de ellos equivale a 36 conejos. Una cifra escandalosa si se tiene en cuenta que según un estudio realizado por varias universidades, los venezolanos han perdido el año pasado una media de ocho kilos por cabeza.

El señor Maduro ha actuado con la misma astucia con la que lo haría un zorro, pero los conejos han sido más inteligentes, y han sabido ganarse la confianza de toda su gente.

José Luis Meléndez. Madrid, 1 de Octubre del 2017
Fuente de la imagen commons.wikimedia.org