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25 de enero de 2016

Casada y sin compromiso

El roce de su cuerpo con el uniforme y con el arma fálica que portaba el falso agente, le hizo llegar a la cima del orgasmo, sin poder contener sus olvidados y escandalosos gemidos de placer.

Lo bueno de hacerse la tonta con algunos hombres (hay excepciones que confirman la regla, y con los cuales es imposible), es que terminan creyéndose que son más listos que tú. Eso les encanta. Les tranquiliza, les da más seguridad en sí mismos, y hace que les suba la libido mucho más allá de los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud, más conocida por la OMS.

El único requisito para hacerse la tonta, es ser un poco más lista del papel que una pretende desempeñar, para que a la hora de interpretar el personaje, no termine por apoderarse de ti. Así que el día de su primera infidelidad marital, decidí comprar para nuestro dormitorio, un espejo, con la excusa de contemplarnos desnudos y excitarnos durante el transcurso de nuestros escasos y más que aburridas funciones fingido-amatorias.

Nunca me imaginé que gracias a los ensayos ante este cristal opaco, pudiese un día llegar a interpretar a la perfección el papel de actriz porno, tan demandado por nuestros adonis, y que tan erectos les pone. ¡Chica qué maravilla! La de actos de los que me habré librado y liberado antes siquiera de empezar la dichosa función. Al fin y al cabo, la mayor parte del día actuamos, en lugar de ser nosotras mismas.

Ayer mismo, se acercó de nuevo a mí, inseguro y balbuceando como siempre, para comunicarme una vez más la buena nueva:
- Cielo, no sé si te lo he dicho: este fin de semana, tengo un viaje de negocios.
A lo que Tania, es decir, la actriz que llevo dentro, y de la cual está enchochadito mi querido paquidermo, le contestó:
- Oh, no...¡Jo qué pena! ¿Lo dices en serio, mi amor?

Entonces, ante su respuesta afirmativa, mi íntima amiga, aprovechó para esbozar delante de él unos pucheritos, acompañado de unos suaves gemiditos de niña tonta y desorientada. Se agachó lentamente al suelo dejando entrever parte de sus encantos ocultos, mientras se hacía la distraída, y adoptó esa postura sexual de ofrecimiento que tanto les excita a los hombres. A continuación dejó caer al suelo una goma de su pelo, mientras se lo recogía, y exclamó:

- ¡Vaya por Dios!, ¿dónde se habrá metido? ¿La ves tú, cielooo...?
- Mmm, perdona, ¿el qué cariño?
- Nada, aquí está. Ya la he encontrado. ¿Me ayudas a levantarme?

Una vez que Tania se puso de pie, y se dio la vuelta, pudo ver el rostro sanguíneo y descompuesto de su infiel pretendiente. En ese momento aprovechó para aproximarse un poco más. De una manera sensual le cogió del complemento fálico que colgaba de su camisa, y mientras lo acariciaba suavemente de arriba hacia abajo, le dirigió una mirada intensa y lasciva mientras le susurraba en sus oídos:

- No te preocupes, mi vida. Otro día celebraremos la sorpresa que te tenía preparada.
- ¿A qué te refieres?, preguntó él.
- Voy a llamar a la tienda de disfraces, para anular la reserva del disfraz de enfermera que tanto te gusta, y que tenía reservado.

Manuel se puso pálido. La tristeza de su semblante, era más que evidente.

- Será mejor que te acuestes. Mañana tienes que madrugar. Tu vuelo sale a las siete de la mañana.

Al cabo de una hora Tania se dirigió al cuarto de baño. Se puso la lencería color fucsia. Encendió unas velas, y roció su cuerpo con su perfume preferido de feromonas. Una vez en la cama, Manuel la abrazó por detrás mientras suspiraba de deseo. Tania desató sus manos de su cintura, y con un hilo de voz le dijo:

- Esta noche estoy cansada, Manuel. Buenas Noches. Hasta mañana.

En una de sus visitas nocturnas al baño, Tania aprovechó su despecho para desprenderse de la ropa interior que cubría su camisón. Al salir del aseo abrió la maleta de él, roció con su perfume toda su ropa, e introdujo en el fondo de la misma sus bragas y su sujetador, con una nota manuscrita y rubricada con sus labios rojos: "Te espero con todo caliente, menos el champagne". Luego se dirigió al dormitorio mientras pensaba: "ahora ya no me importa que te acuestes con ella. Sé que cuando lo hagas, te acordarás de mí".

Al día siguiente apareció trajeado a los pies de su cama para despedirse, pero ella se hizo la dormida. Con los ojos entreabiertos pudo contemplar las ojeras de su rostro. Aquella noche, no había conseguido apenas dormir. Nada más levantarse, comprobó que se había ido su esposo y decidió llamar a la tienda y cambiar su disfraz por uno sin estrenar pero de género masculino. Minutos después hizo una breve llamada, y concertó una cita con uno de sus ex. Una vez en su casa, después de un beso apasionado se dejó interrogar por él como si no lo conociera. Ella totalmente abandonada dejó que él la cacheara y registrara cada uno de los recovecos de su cuerpo. Una vez que llegaron al clímax, ella le preguntó:

- ¿Por qué me hace esto?
Él la respondió:
- ¡Vaya, hombre! Por lo que veo es usted una mujer casada y sin compromiso. Al menos podría quitarse el anillo. .. ¿O es que no le da vergüenza?
La respiración de ella, empezó a hacerse espasmódica y jadeante, mientras él con un breve y apasionado forcejeo la inmovilizó con un abrazo, entre su terso cuerpo:
- ¿Por qué opone resistencia? ¿No sabe que soy un agente de la autoridad? Haga el favor de abrirse de piernas, y deme sus manos. Queda usted detenida. ¿Quiere que le lea sus derechos?
- Está bien. Léamelos, pero mejor ahí, en esa habitación. ¡Pero qué hace!, ¡Cómo se atreve! Le he dicho que no. ¡Suélteme! No insista.

El policía comenzó a excitarse al ver el cuerpo semidesnudo de Tania, y le dijo:

- Si comenta usted algo de esto, no tendré más remedio que decírselo a su marido. ¿Está claro?
- Está bien agente. Pero dígame al menos como se llama, para dirigirme a usted.
- Haga el favor de callarse, y siga mis instrucciones. Será mejor para los dos.
- De acuerdo. ¿Qué quiere que haga?
- De momento estarse quieta. Así es imposible.
- ¿Así...? Mmm... Siga. Más, ¡venga! Más abajo. No, mejor por aquí. Un poco más fuerte. ¡Sé que me lo merezcooo...! Mmmm..., ufff, ¡qué locura!; ah, ah, ah, ¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah...!

En ese momento el roce de su cuerpo con el uniforme y con el arma fálica, dura, alargada y reglamentaria que portaba el falso agente, le hizo llegar a la cima del orgasmo, sin poder contener sus olvidados y escandalosos gemidos de placer.

José Luis Meléndez. Madrid, 24 de enero del 2016
Fuentes de las imagenes: Flickrhivemind.com

20 de enero de 2016

Café para dos

Imagino nuestro primer encuentro, y no puedo evitar ese maldito vértigo y retorcijón en el estómago:

"Bueno, verás (ejem...), será mejor que hables tu primero (¡por Dios, qué risa más tonta!). Yo por más que lo intento, no lo consigo. No entiendo porqué, precisamente ahora, me enmudece este inesperado nudo en la garganta. Mejor dicho, sí. Es muy posible que las palabras de mi escueto diccionario, se han sentido tan pequeñas a tu lado, que se hayan escondido temerosas, ante un más que probable e inminente rechazo.

No sé si me ha embriagado tu aroma, o hipnotizado tu voz. Si no hubiese llegado con tanta antelación, ni ensayado este acto con tanta obsesión e insistencia durante estos días al espejo, como si se tratase de la obra más importante de mi vida, quizá ahora no me sentiría tan ridículo ante la resplandeciente belleza de tus encantos.

No, no es ninguna tontería. Al menos para mí. Disculpa que aún no me atreva, ni sepa, mirarte fijamente a los ojos. ¡Lo ves! Soy un perfecto desastre. Me aterroriza coger esa taza de café, que desde hace tiempo, se ha debido de quedar fría. Que los nervios me delaten, y que te rías del hermoso paraíso que guardo escondido por y para ti.

Lo siento. En realidad no sé si tenía que haber venido. Ni siquiera si este es el momento oportuno. Pero quiero que sepas que desde que me invitaste a esta cita, lo cierto es que no he conseguido conciliar el sueño. Entiendo que necesites hablar. Que quieras ir más despacio (no sé si para llegar más lejos). Yo sin embargo solo necesitaba cogerte de la mano, y sentirte entre mis brazos. Tal vez porque mi corazón esté más seguro de sus sentimientos...".

José Luis Meléndez. Madrid, 19 de Enero del 2016.
Fuente de la imagen: Flickr.com

11 de enero de 2016

Primaveras de amor

A las musas de Pluma en Ristre

Cansado de haber seguido,
mil huellas de pasos perdidos,
esperaré Cupido que vengas,
sin que esta vez te entretengas,
con las flechas de tu mano.

Si compras el dinero con placer,
y te vendes tan barato;
si no sabes ser fiel,
en el segundo de un rato.

Si crees que el amor,
es cuestión de esperar,
sin saber ir detrás,
de lo que dices querer.

Yo también aprendí una vez,
a querer y a soñar,
a no perder y a ganar,
primaveras de amor.

Si piensas que amar
no es ir al lado,
sino delante del otro;
Si sabes besar en los labios,
y no dar la mano,
cuando me caigo y me rompo.

¿Para qué falsas lunas de miel,
besos secos sin piel,
un tu y yo, sin nosotros?

Dormir con mis musas
que contigo es mejor,
siempre acuden sin pedírselo yo,
sin disfraz y sin condición.

José Luis Meléndez. Madrid, 4 de Agosto del 2015

4 de enero de 2016

El reloj

Querida Amanda:

Confieso que he sentido más que nadie tu larga ausencia. Pero antes de tomarte, he preferido dejar pasar el tiempo, para no contagiarte la tristeza de mi mano. Aunque si te soy sincero, como en su día prometimos, te diré que me han faltado las fuerzas para hacerlo. No, tranquila. No es que haya dejado de amarte, es que como quizás intuyas, durante este paseo entre líneas, por el temblor de mis dedos, la vida me ha vuelto a empujar al pozo profundo de las lágrimas. Hacía tiempo que no sentía el escozor de su sal en las heridas reabiertas y sangrantes del corazón. Las punzadas y las arritmias de la más absoluta desolación.

Quién tuviera estos días, mi vida, la suerte o el poder de reencarnarse en una roca, para dejar de sentirse agredido. Pero quién sabe si un día el futuro nos sorprende, y nos enteramos (como siempre tarde), que toda la materia que nos rodea, compuesta por átomos y electrones en movimiento, resulta tener más vida que nosotros mismos, o de la que yo ahora mismo tengo. ¿Te imaginas que sorpresa? Las casas, los coches, la ropa, y todos nuestros objetos inertes, pero vivos. Me pregunto si sabríamos resarcir a esas hipotéticas criaturas de tanto maltrato y abandono a lo largo de la Historia. No hay por tanto escapatoria, pero comprenderás ahora al menos, porqué además de tu alma en vuelo, también venero tu cuerpo ligero, femenino y estilizado de mujer.

Tu y yo sabemos, que no soy un ser perfecto. Y es posible que también seas consciente de como a nuestro alrededor pululan decenas de dioses y diosecillos que gracias a su inconmensurable y malvada sabiduría, ignoran que quizás un día, de igual forma fueron expulsados del paraíso, o quién sabe si de otra vida o lugar menos digno. Y has sido testigo de cómo se ocupan y preocupan durante toda su existencia de atribuir a los demás un carácter poco menos que especial. Difícil para ellos, cuando ven que no consiguen con sus interesadas aproximaciones, aquello que se proponen.

Ignoran como llegar a uno, y en su rabia e impotencia pueril, magnifican los males ajenos y las formas externas de su presa, porque no saben ni pueden llegar al interior de la persona, que es en definitiva donde reside la verdadera esencia del ser, que es uno. ¡Qué tristeza y que pena más grande, Amanda!, da el ver a estas personas lanzando desde sus siniestros petroleros de carga, todo su chapapote, al mar emocional que nos une a todos como seres vivos. No les importa mancharnos, ni paralizarnos con la toxicidad de sus comentarios, ni el de sus actos.

Y mientras nosotros intentamos quitarnos nuestra alquitranada mancha mortal, ellos, desde lo alto de su nave, disfrutan de nuestra agonía, a la vez que planifican con su despiadada frialdad su siguiente proeza, mientras nos preguntan si nos pasa algo o estamos enfermos. Nosotros enfermos...Tú sin embargo, tratas a todos por igual, como una auténtica diosa, como una de esas tantas madres que proporcionan las mismas oportunidades y el mismo afecto a los suyos, sin dejarse chantajear emocionalmente por ninguna de sus criaturas. Independientemente de su carácter, de su especie, de su aspecto o de su sexo.

Me pregunto qué sería de mí, sin la impagable ayuda de tu alma femenina, y la de nuestra siempre niña. Sabes que me ruboriza pensar en esta fragilidad de niño, que sin embargo a ti tanto te gusta. Pensar que seguiré siendo ese reloj antiguo y destartalado que a duras penas, y casi sin fuerzas, intenta con su tic-tac marcar sus últimas señales de vida. Un reloj que aún procura, en la medida de sus posibilidades, mover sus brazos casi inmóviles, en espera del abrazo de un amigo. De la mano de una mujer. Un reloj que permanece encerrado en el cristal de su esfera. Que contempla y espera. Que cuenta los segundos invisibles de su última, o de su próxima hora.

Un beso:

Tu eterno amante.

José Luis Meléndez. Madrid, 3 de enero del 2016.
Fuente de la imagen: Flickr.com