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27 de abril de 2015

Contra el miedo

Algunos partidos dedocráticos intentan coaccionar a través del miedo, el voto de los ciudadanos

Hace poco le he vuelto a ver en un autobús del barrio. He sentido una enorme curiosidad por su persona, y unas ganas enormes de saludarle. Pero la discreción, una vez más, se ha impuesto. Era el sereno del barrio. Una figura municipal, cuya función era velar por la seguridad de los vecinos, en aquellas noches de los años setenta. Fue algo más que un agente de proximidad. Al trabajar siempre la misma zona, poseía una valiosa información. La confianza de los vecinos con él era casi total. Algunos le confiaban incluso las llaves de sus viviendas durante sus ausencias en el periodo vacacional. El mismo hombre alto, vestía entonces (si mi memoria no me traiciona) uniforme gris, placa, gorra de plato, y portaba como único arma una porra. Conocía como nadie los problemas del barrio que los vecinos le comunicaban, y colaboraba de muy buena voluntad en la resolución de los mismos.

Observando desde hace años el lamentable estado de abandono otoño-invernal, y de “descuido” veraniego-primaveral del barrio, no he podido por menos que acordarme hoy de su figura. Entonces, con unas palabras, nuestro amigo hubiera tomado nota, y hubiese derivado el aviso al jardinero correspondiente. Ni el césped secado por la deliberada parada de los aspersores en otoño e invierno, ni el laurus ni el aligustre, hubieran sufrido la agónica muerte, al verse privados y torturados por la falta de agua.

¿Tanto cuesta un único jardinero dedicado como antaño en exclusiva al riego de los jardines comunitarios de todo el barrio, contratado a tiempo parcial, por la actual reforma laboral? Menos mal que ante esta dejación temporal de funciones por parte del “Ajuntamiento” (ellos sabrán por qué no nos ajuntan…), aun contamos entre nuestros vecinos, con personas con un mayor compromiso y sensibilidad medioambiental y social que nuestros representantes municipales.

Hasta que un día hartos de tanta injusticia, se arrancan a cavar su jardín (de todos), a podar las plantas, y talar algún arbusto seco por la falta de agua. Incluso han llegado a personarse en la Junta Municipal para solicitar autorización y regar ellos mismos el jardín. ¡Menudo sonrojo! Está visto que para algunos el derecho a la vida se reduce a la defensa del feto (no de la de los dependientes que mueren por la falta de medicación), y la vida superior del mobiliario urbano. Suerte que no apoyan la eutanasia activa, porque si el mundo vegetal hablase, verdad Excálibur...?: “Guau, guau”. Tienes razón amigo: todos somos hijos de dios…

Aun así (¡claro que sí!), esperamos en esta precampaña electoral, volver a ver y sentir la presencia de los “hombrecillos del bosque” (comúnmente llamados jardineros), “aberrochándose sobre el rocaje vivo del parque”. Hay vecinos que juran haberles visto en muy contadas ocasiones, aunque solo de paso. Existen asimismo otro tipo de espíritus, que poseen el don de hacer desaparecer los camiones de basura, provocando la acumulación de residuos, auténticos castillos de basura, y creando a los ciudadanos algunas “pequeñas molestias” como malos olores, manchas, y algún que otro resbalón…

Otros por el contrario, hemos tenido el enorme privilegio de ser despertados a las siete de la mañana, por los ruiditos traviesos y juguetones de los duendecillos cambiadores de farolas, bancos y papeleras (¡Eh, que estamos aquí!, ¿ves lo que hacemos por y para tí?).Estamos en precampaña (ahora caigo). Dentro de poco saldrán de su escondite los políticos disfrazados de enanitos encantadores, cantando al unísono la canción de su ada madrina (Christina Rosenvinge), “Hago chas, y aparezco a tu lado”. ¿Recuerdan?: “Cuando crees que me ves, cruzo la pared, hago chas, y aparezco a tu lado. Quieres ir tras de mí, pobrecito de ti, no me puedes atrapar…”.

Queridos niños y niñas: bienvenidos al mágico e ilusorio mundo de las promesas incumplidas. Pero si de verdad hay algo de lo que podemos presumir los españoles, es de ser “siete veces más fuertes”, que hace cuatro años. Y de estar como decía David el gnomo “siempre de buen humor” (nosotros nos entendemos). Aprovechemos pues, este estado de ecuanimidad. Es tiempo de hacer balance y recordar la gestión municipal y autonómica de nuestros pueblos, ciudades y provincias: el caso Arena (seguridad ciudadana), el éxito de la candidatura olímpica, la falta de atención a “algunas” zonas verdes, la caída de árboles, la falta de medios ante la gestión medioambiental y de la contaminación en la ciudad (boina negra), la escasa recogida de basuras, la limpieza de nuestras calles, los casos de corrupción de Don Francisco Granados (adjunto a la Presidencia de la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre), el escándalo del ático de D. Ignacio González, la cadena de sucesivas dimisiones por los intentos de privatización de la sanidad Pública, la política de desigualdad en los derechos sociales, y la (todavía) deuda mil millonaria del consistorio existente durante el largo reinado popular. Todo un éxito.

Es, lo sabemos, un año eminentemente electoral. Y por este motivo, he decidido hacer caso omiso a los continuos mensajes de algunos partidos dedocráticos (que eligen a sus candidatos con la democracia de sus dedos), que intentan coaccionar a través del miedo, el voto de los ciudadanos. La derecha es conservadora. Ya saben no se les ocurra votar alguna opción distinta a la de hace cuatro años. Tengan cuidado con la nueva y emergente voluntad “popular” (no son de fiar, nosotros sí, ya lo han visto y sentido), es decir de ustedes mismos. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, y no hablen entre ustedes nada que no sea de economía expansiva.

¿Qué hubiera pasado, si después de la dictadura, en lugar del CDS de Suárez, nos hubiéramos encontrado al PP? ¿Nos hubiera recomendado seguir con lo viejo conocido a lo nuevo bueno por conocer? ¿Hubiera salido del puerto Colón y descubierto el nuevo mundo con tanto acojone infundado? ¿Se imaginan lo que puede llegar a ocurrir en el universo, si no sale elegido Rajoy como presidente, y pierde el PP las elecciones? La tierra dejaría de girar alrededor del sol, y el monstruo bicéfalo de la libertad y la igualdad, volvería a excitar la imaginación de nuestros hijos, alucinando su mente con un futuro más digno y prometedor. Y eso es algo que no nos podemos permitir precisamente ahora, que estamos empezando a salir de la crisis económica (de la crisis social y moral ya salimos hace tiempo, pero fue tan rápido que quizás no lo hayan notado todavía).

¡Cuidado españoles! Ya lo ven. Solo existe un salvador. No se les ocurra salvarse a sí mismos, que para eso estamos nosotros (gracias a dios). Y sobre todo nunca se hagan preguntas pecaminosas del tipo: ¿Qué partido ciudadano tendrá la catadura moral, y la "desfachatez" de pactar (aunque sea de forma puntual) y suscribir las políticas del PP, un partido con tanta palabra…? Porque entonces más que miedo, llegarán a sentir pánico.

¿Será capaz el Partido Popular de cumplir su programa electoral en coalición, cuando no ha sabido cumplirlo ni siquiera con mayoría absoluta? No lo piensen más, ni se sientan decepcionados. Aún están a tiempo de volverse a “pintar la cara color esperanza”. Un color muy necesario para soportar la próxima legislatura, y los próximos recortes de la Troika, en el dos mil dieciséis. Y si no, acuérdense.

José Luis Meléndez. Madrid, 25 de Abril del 2015.
Fuente de la imagen: Flickriver.com

23 de abril de 2015

Los animales no son tontos (nosotros si...)

TOMA UNO:
- KUTXI: “¡Joséee!
- JOSÉ: Dime princesa. ¡Qué susto!, no sabía dónde estabas.
- KUTXI: ¿Por dónde se sale de aquí?
- JOSÉ: No te preocupes, que ya te cojo. Ven.
- KUTXI: Al paso que vamos, vais a tener que comprarnos “un busca”.
- JOSÉ: Tienes toda la razón, cariño. No te habrás pinchado, ¿verdad?
- KUTXI: No, gracias al chaleco anti cardos que me has puesto ( los cardos no nos dejan ver el bosque)
- JOSÉ: ya falta poco para que pasen a cortar el césped.
- KUTXI: Me imagino. ¿Tenéis por casualidad elecciones dentro de poco…?

TOMA DOS:
Césped de la colonia "El Bosque", situado a tan solo 1000 metros del Barrio de Manoteras.
Un barrio más pudiente y señorial, por el cual, es un placer pasear.
¡Anda, mira...! Si AQUI SÍ que está cortado y cuidado como todo el año. ¿Por qué será...?.

José Luis Meléndez. Madrid, 23 de Abril del 2015.

20 de abril de 2015

Master Juez

¿Qué pensarían los hosteleros, si valorasen los clientes sus platos, con el mismo desprecio, y la misma prepotencia en sus respectivos restaurantes...?

Quedan advertidos. Antes de hacer zapping, los martes por la noche, y sintonizar la Uno, piénsenlo dos veces. Porque si el jurado implacable, despiadado, y con caras de “buenos amigos” del concurso MasterChef, logra ver por un casual, los platos que han preparado para cenar, es casi seguro que además de una humillante reprimenda en público, sean invitados a abandonar su propio domicilio.

Entiéndanlo. Es lo que suele ocurrir a algunos dioses, cuando por la aparente actitud que derrochan, quien sabe si obligados a dejar por unas horas la luminosidad celestial de sus estrellas Michelin, tienen que impartir un par de horas con el resto de los mortales (¡Dios mío, qué cruz!, ¡Con lo bien que estaba de rodríguez en el cielo!)

Imagino la tremenda humillación, que debe sentir y padecer un Dios recién bajado de los cielos, y soy consciente que el insufrible vértigo y jet lag, pueda verse reflejado en sus rostros. Ignoro las cifras que deben cobrar por bajar a “poner a caldo” e “incar el diente” en la yugular a sus aspirantes, y celebro, por el bien de todos, que éstos, afortunadamente no tengan el don de la escucha. Pero hay algo digno de admirar en estos cocineros, reconvertidos parcialmente en jueces por horas. Y es la capacidad simultánea de “asustar” (incorporar agua fría o hielos a una cocción, paralizando de forma brusca el cocinado) a los aspirantes, y la de “levantar” (hacer hervir un preparado para su utilización) a la audiencia. Por no destacar su gran maestría a la hora de cocinar y cantar las comandas condenatorias durante la preparación y elaboración del programa.

Que se lo pregunten sino a Alberto, el joven de dieciocho años, cuando el catorce de abril, decide acudir a concursar al programa, probar suerte, y elaborar un plato con tiras de pimiento asado, y una patata semicocida con forma y carita de león. El plato lo presenta con el nombre de “León come gamba” (quien sabe si con alguna indirecta al jurado). El honorable jurado espera de pie, con cara impasible, la entrada de los concursantes. Los cuchillos reposan (de momento) limpios y afilados, en el interior del plató de la cocina más temeraria jamás conocida. Los aspirantes, como pacientes sufridores, aguardan con los dientes apretados, y el corazón encogido, el dictamen inquisitorial de los Torquemada.

El aire corta la respiración, y la tensión se respira en el ambiente. Los concursantes recuerdan mientras tanto el formato del programa, y el suplicio que aún les queda: como aprendices no tienen derecho a defensa, en el duelo verbal que mantendrán contra los tres miembros del jurado. ¡Ahí es nada! Saben que el más mínimo fallo, puede ser motivo más que suficiente, para no renacer en el reino mineral. Por si esto fuera poco, a diferencia de otros programas gastronómicos, los misterchefs no enseñan, ni cocinan. Todo se da por sabido a los candidatos.

Alberto expone a los dioses, y a su audiencia, su original creación. El Venerable Maestro de ceremonias, Don Pepe Rodríguez, dilata emocionalmente al aspirante: “el humor es importante en la cocina” (no especifica si también para los cocineros, y otras tantas facetas de la vida). El terror y el suspense momentáneo va disipándose, y enseguida da paso a un nuevo género de acojone continuo y generalizado (todavía no he empezado a “abrir boca”, y hace un rato he cerrado los ojos). Alberto se encuentra situado a escasos metros de los miembros del jurado. El formato televisivo al parecer, permite a los compañeros reírse (de una forma ética) de los platos de los demás aspirantes. Una vez expuesta, y explicada su creación, toma la palabra el Venerable, que aprovechando que está en el plató, decide dejar su humor en la cocina. El plato de Alberto no ha sido de su agrado (se nos rompió el humor de tanto usarlo).

El humor es importante en la cocina, pero curiosamente no ante los 3.197.000 de telespectadores que aguantan el bochornoso espectáculo. El carácter de una patata ha descolocado la personalidad de los cocineros, y ha provocado la humillación pública del concursante humano. Siglo XXI después de Cristo. Inicios y cambios del modernismo al surrealismo más profundo. Es más, Rodríguez, se toma como una ofensa personal la obra de Alberto (que digo yo personal, casi universal), y resultado de su valoración: “ es un insulto a la inteligencia del jurado, y a la de los quince mil aspirantes que se han quedado fuera" (¿no es el tribunal el que ha elegido a Alberto para concursar?, me pregunto).

Alberto argumenta el nombre de su plato “León come gamba”, e intenta explicar al jurado que ha elegido ese nombre con objeto de dotarle de un mayor carácter. Reconoce a su vez que la patata está semicruda. Respuesta del cocinero: “¿Tú crees que el carácter me lo vas a enseñar (a mí) con una patata cruda…? (el cocinero se sigue fijando más en la patata, que en el resto del plato). Alberto vuelve a reconocer su pecado mortal, y pasa al ataque Jordi Cruz: “Tú no has entendido nada (tonto). Yo soy cocinero (tu solo un aspirante). En mi vida he visto una marranada (propia de marranos) como esta, y que tú nos la intentes colar (intencionadamente)”.

Los ojos de Alberto, impotentes, empiezan a humedecerse: “no sé si voy a volver a cocinar. Después de esto, me voy a esconder en un pozo, y no voy a salir en dos años”. La cuchara del yogurt que sujeta mi mano, se me ha doblado, como si el mismísimo invitado de Iñigo, Uri Geller, hubiera leído mi pensamiento. Una excelente “Mice en place” (puesta a punto) del jurado para la audiencia, y para la pobre y bella presentadora, Eva González, que al final tiene que “comerse el marrón”, y el plato de los dos cocineros. Minutos después vuelve Jordi Cruz, e intenta echar una mano a la presentadora y “blanquear” (dar un hervor a un producto, para quitarle el mal sabor) las lágrimas de Alberto: “no has estado afortunado” (nosotros sí). Nueva metedura de pata.

¡Ánimo Alberto! Has tenido suerte. Me alegro que aun te haya quedado corazón para salir vivo de este plató. Si algún día te encuentras por el camino con algún perdonavidas de este “prometedor” jurado, no te olvides de agradecerles su actitud por los siglos de los siglos. ¿Te imaginas qué pensarían sus compañeros hosteleros, si los clientes valorásemos cada uno de los diferentes pinchos, platos y postres, con el mismo desprecio y prepotencia en sus respectivos restaurantes? Te invito a que tomes como modelo a la inmensa mayoría de magníficos y excelentes hosteleros, que saben cada día abrirnos el apetito, enseñarnos y acercarnos la cocina a nuestras casas. Y lo que es aún más importante, tratar igual o con más cariño a sus clientes que a sus productos. No me despido de ti, pero sí de esta televisión pública que te ha denigrado con el dinero de todos. Es hora de dormir, pero tú no te rindas, y sigue soñando.

¡Hasta siempre, amigo!

José Luis Meléndez. Madrid, 18 de Abril del 2015.
Fuente de la imagen: Flickr.com

6 de abril de 2015

El Fútbol

No es la natación, sino el fútbol, el deporte más completo. Porque mientras los jugadores hacen piernas en el campo, la afición hace brazos en sus casas, y en la barra de los bares

En el bar, la vida transcurre con total normalidad: “no sé cómo puedes disfrutar, al ver tíos en calzoncillos, detrás de un balón…”, le dice un cliente a un telespectador y sufrido aficionado. La espuma de la cerveza, que el increpado aun sostiene en sus manos, rebosa lentamente por la boca de su vaso, con la misma rabia, por el mismo órgano y la misma baba que la de la niña del exorcista…

¿Qué tendrá que ver la lencería masculina con el deporte?, me digo. Pregunto al jefe por el baño, y aprovecho el momento de tensión para relajarme. Una vez en el interior, inspiro el aire (O.M.), y me siento como el osito Yogui, mientras contemplo la luz de la bombilla, intentando encontrar una explicación filosófica y existencial a la escena. Mis manos fabrican con el rollo de papel, y el palillo sobrante del pincho, la bandera de la paz. Recuperado el equilibrio emocional, y, auspiciado de nuevo por el espíritu conciliador y pacifista, me dispongo a subir al lugar de la contienda, como el casco azul, que anhela ver cumplida, con la máxima urgencia, la resolución más ecuánime para ambas partes.

Reconozco que el futbol, es entre los hombres, el medio de relación social más poderoso. ¿Qué sería de la vida, y de la crisis moral, social y económica que atravesamos, sin la catarsis terapéutico - social de su inconsciente colectivo? Respuesta: es posible que el sistema hubiera estallado, igual que la olla calentada a fuego lento, y desprovista de su necesaria válvula de escape. Su función principal desde la infancia, como elemento facilitador de la integración social del individuo, ha hecho y hace de este deporte un excelente estímulo, tanto para el trabajo en equipo, como para el desarrollo físico.

El espíritu competitivo, bajo una serie de normas, actúa asimismo, como un instrumento esencial, a la hora de asumir y encajar las primeras victorias y derrotas. Aun así, desde el punto de vista del espectáculo, y de la competición, sería conveniente, que la afición se preguntase, que formato de juego prefiere, y si este es en la actualidad el más justo, genuino, y equilibrado de fuerzas. Porque seguir sin reconocer, a estas alturas, que los actuales equipos de fútbol profesionales, continúan enfrentándose a sus rivales, en clara desigualdad de condiciones, y que los clubs con mayores recursos económicos, tienen más posibilidades de fichar jugadores más competitivos, supondrá seguir asistiendo a una bochornosa, y más que sospechosa victoria económico – deportiva, por parte de los mismos equipos del ya más que cansado y aburrido bipartidismo futbolero merengue y culé.

Es por tanto de justicia reconocer al fútbol amateur, la vocación, ilusión, y pureza, con la que sus deportistas y jugadores, salen al campo a sudar la camiseta, lejos de los ojos mediáticos, y de los contratos millonarios y publicitarios que firman las majestuosas divinidades galácticas de los pies de oro. Si al menos tuvieran los clubs algún gesto con la sociedad a la que pertenecen, y celebrasen algún que otro partido beneficio, tan necesario en estos tiempos. ¿No es suficiente pasar un buen rato viendo un buen partido, independientemente de los colores que representen, y contemplar con mayor objetividad, y menos pasión-sufrimiento dicho encuentro?, ¿Es realmente necesario pertenecer a un equipo concreto, para disfrutar de un bonito momento?, ¿No tiene un efecto más emocionante y renovador, ver como un equipo humilde sube a primera?

Es cierto. El ser humano, es un animal emocional, que necesita dar rienda suelta a sus distintas pasiones. Hasta aquí todo bien. Pero, ¿Cuál es el origen de tanto derroche sanguíneo? Antes de responder a esta pregunta, tenemos que formularnos un segundo interrogante: ¿Por qué el fútbol, es un deporte seguido y practicado en el mundo, por una aplastante mayoría de hombres? El hombre en sus orígenes era cazador. Una vez creada la función, el hombre se organizó con otros miembros de su mismo sexo, para realizar esta necesaria actividad, con mayor éxito, y fomentar la relación social, y de pertenencia a la tribu. Al contemplar un partido de fútbol, podemos observar como el juego se inicia, cuando el jugador pone en movimiento “la pieza” o el balón, dotando a este de vida. En una segunda fase, acompañado en todo momento por su tribu, se dispone a “cazar” la pelota. Para ello persiste, pone todo su empeño, y no para hasta ver apresado el esférico bajo una red. Una vez que lo consigue, la pieza “muere”, y el cazador celebra con un grito su victoria.

El Homo erectus ha vencido, y tiene que celebrar con su tribu su superioridad como especie. Por fin ha canalizado y satisfecho su instinto animal de supervivencia, y lo que es aún más importante, su continua pulsión sexual y penetradora. Ahora rebosa felicidad, una vez que ha dejado su marca reproductora, en el interior del órgano femenino, que simboliza la portería. Las faltas, los córners, y demás elementos, simbolizan, los contratiempos emocionales, durante la reacción con la hembra. La resistencia de la pieza ante el grupo, así como la dificultad del terreno, o las condiciones climatológicas durante la caza.

Observen las reacciones de sus amigos desde el inicio del partido. Empieza el juego. El macho empieza a clavar su mirada en la pieza. A continuación emite los primeros gruñidos u onomatopeyas de reprobación y admiración. Según se va aproximando la pieza a la portería, va aumentando su nivel de testosterona. Mientras la mujer habla con una amiga por teléfono, mira a su barril cervecero, que permanece desencajado y absorto en el sofá, con una mueca que dibuja su rostro, mitad asombro, mitad deseo (¡Ay, mi hombre! Pero qué tonto, y que macho se pone, cuando juega su equipo…).

Al final llega el esperado momento. Centra su amigo Manu a Pepe una aceituna desde el centro de la mesa. La coge Pepe, e intenta meterla en su boca, pero ¡uy!, su lengua ha despejado el tremendo chute a la alfombra del salón. Saque de esquina. Saca Manu, y centra a las manos de Pepe, una patata frita (penalti que no se pita). Pepe pasa a Carmen, la mujer de Manu, y sin darse cuenta se seca la grasa en el sillón. La mujer de Pepe, Vane, pita la primera falta de la tarde. Saca de nuevo Pepe, sale del centro del salón, y pasa a Manu su vaso de cerveza y llegan juntos a la cocina. Pepe abre la nevera, coge la cerveza, y ¡atención!, antes de servírsela a Manu, se oye desde el salón: ¡GOL! ¡¡GOL!!, ¡¡GOL!!, ¡GOOOOOL!, ¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!!! (el efecto repetición es importante en este momento, ya que tiene el efecto psicológico de que han sido varios, y no un único gol). Pepe saca la tarjeta roja a Vane, por no haber servido ella las cervezas, y haberse perdido el gol. Es la primera expulsión, y esta noche habrá que desempatar y hacer las paces.

Está a punto de acabar el partido. El Míster no se ha tragado el chicle con los nervios de chiripa, pero ha liberado como el macho alfa de la tribu, la mayor dosis de hormonas masculinas, animando a sus chicos. Intento regresar a la descansada vida. Al fin he dejado de “sufrir el placer, de gozar el sufrimiento”. Estoy más que convencido: no es la natación, sino el fútbol, el deporte más completo. Porque mientras los jugadores hacen piernas en el campo, la afición hace brazos en sus casas y en la barra de los bares.

La Roja, ha llegado a la prórroga, y ahora es el momento de los penaltis. Las tres horas de juego, han acabado con mi sistema nervioso. Si falla España un penalti, soy capaz de cualquier cosa. Empiezo a no ser nadie. Ya no me queda cerveza. Ni patatas. Ni tabaco. Ni uñas. ¡Qué desastre! Estoy tan excitado que no me atrevo a mirar los penaltis, ni de reojo. Apago la tele, me tapo los oídos, y en mi última jugada, hago un pase de la pasión al razonamiento: prefiero que gane el mejor, antes que lo haga mi equipo.

José Luis Meléndez. Madrid, 4 de Abril del 2015.
Fuentes de las imagenes: Flickr.com