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30 de marzo de 2015

El último vuelo

Todas las hipótesis de la investigación siguen abiertas

No ha sido un accidente, como así lo atestiguan las investigaciones realizadas, sino un incidente de dimensiones estremecedoras, que han sobrecogido a todo el mundo. Va a cumplirse una semana de la tragedia ocurrida el martes, veinticuatro de marzo, para gloria del refranero español: “en martes, ni te cases, ni te embarques”.

Nadie sabe con certeza cuales fueron los motivos por los cuales, Andreas Lubitz, el joven piloto alemán de veintisiete años, fue incapaz de evitar aquella mañana, la colisión de su avión, un Airbus 320, de la aerolínea Germanwings, filial de la multinacional Lufthansa, contra las montañas francesas de los Alpes, con ciento cincuenta pasajeros a bordo.

Lubitz, como buen deportista, tenía un espíritu competitivo. Su gran pasión por el vuelo era tan grande, que ya en su adolescencia, decidió matricularse en un club de aviación cercano a Montabaur, lugar donde residía con sus padres, para realizar sus primeros vuelos.
Su periodo de formación profesional, según ha trascendido, se vio interrumpido por presentar un cuadro ansioso depresivo. Algunos de los docentes del piloto, llegó a cuestionar la capacitación psicológica de Lubitz, para desempeñar la profesión, para la cual, según los expertos, es preciso poseer un óptima resistencia psíquica y de adaptación a las diferentes situaciones. El piloto, antes de su último vuelo, contaba con una experiencia de seiscientos treinta horas de vuelo.

Según constan en las conversaciones mantenidas por los pilotos, registradas en la caja negra del avión, a más de la mitad del trayecto que cubría el vuelo GWI9525, con destino Barcelona – Düsseldorf, el capitán y piloto de la aeronave, Sondheimer, procede a dar instrucciones a Lubitz, para que prepare el aterrizaje del vuelo. Acto seguido abandona la cabina. Después de unos segundos, Lubitz bloquea desde el interior, el acceso a la cabina. Minutos más tarde, el capitán regresa a la cabina, e intenta acceder sin éxito a la misma. Teclea el código de seguridad, y de nuevo ve frustrados sus intentos. Instantes después aporrea con insistencia la puerta, e intenta con un hacha entrar al habitáculo. Ya es demasiado tarde. El avión ha iniciado su descenso de forma manual. A pesar de los reiterados avisos de la torre de control al avión, nadie contesta desde su interior. De fondo se escucha una respiración normal de una persona.

En los ocho minutos que dura el descenso, la aeronave pasa de los 11.000, a los 8000 metros de altura, a una velocidad de 370 metros por minuto. Se acerca el momento final, y los pasajeros empiezan a tomar conciencia de la situación de emergencia. En el último momento, se escucha una respiración profunda, y los gritos de los viajeros. Una de las alas impacta en un primer instante contra un talud, y en un segundo golpe, el avión termina desintegrándose en una vaguada. El choque a una velocidad de 650 kms por hora, ha sido tan fuerte, que no se esperan supervivientes.

A las pocas horas de la tragedia, los helicópteros de rescate localizan los restos desintegrados del avión. Se trata de un lugar escarpado y de difícil acceso para los equipos de montaña. Los gobiernos alemán, francés, y español, inician la coordinación de la operación, y el rescate de los restos. Al día siguiente se llega a acceder al lugar del siniestro, por medio de helicópteros. La zona es de difícil trabajo, pero gracias a la ardua tarea y capacitación de los distintos equipos que forman el dispositivo, se consigue encontrar la primera de las dos cajas negras, que contiene los sonidos de la cabina.

Ese mismo día, el fiscal de Marsella, Brice Robin, procede a escuchar el contenido de la caja. Las secuencias de las voces, son tan estremecedoras, que esa noche es incapaz de dormir. Al día siguiente, aun con la resaca emocional, comparece ante la prensa, para informar sobre la posible causa del accidente. Durante su intervención, el letrado se muestra tan atónito, que en algunas ocasiones no encuentra palabras para relatar lo ocurrido, y se ve en la necesidad de acompañar el discurso, con gestos expresivos y de asombro como es el de llevarse las manos a la cabeza, para transmitir su primera hipótesis: “es como si en un acto involuntario, Andreas Lubitz, hubiera decidido destrozar el avión”. El fiscal omite en todo momento la palabra suicidio.

Las labores del equipo de rescate y de investigación, se desarrollan en un escenario muy adverso. La acogida por parte de los voluntarios, y traductores de los familiares de las víctimas, y el apoyo permanente del personal médico de psicólogos, han sido factores más que decisivos, para asumir el dolor del impacto emocional, y avanzar en los primeros resultados.Las primeras interpretaciones obtenidas son coincidentes con las posteriores pesquisas realizadas, pero esto no implica que a fecha de hoy, sean concluyentes. “Todas las hipótesis siguen abiertas”, ha declarado el responsable de la investigación. Incluidas las de un posible fallo mecánico.

Quedan aún muchas dudas, y horas de trabajo. El análisis de los restos del copiloto, y el hallazgo de la segunda caja negra, supondrán sin duda un importante avance en la investigación. Existen mientras tanto otro tipo de cuestiones médicas, laborales, familiares y personales, que irán aportando más luz al caso. ¿Pudo Lubitz, al verse solo padecer un bloqueo psicológico, o una crisis de pánico que llegara a inmovilizarle?, ¿Cuál era el grado de visión que tenía el piloto en el momento del accidente, como consecuencia de sus problemas de retina?, ¿Tenía pautado el tratamiento psiquiátrico más adecuado a su enfermedad?, ¿Debió de informar el psiquiatra de Lubitz a la compañía aérea de sus antecedentes médicos?, ¿Cómo era la relación de su empresa, y de sus compañeros con el piloto?, ¿Eran conocedores sus familiares y ex parejas de sus problemas psicológicos, como así se desprende?. ¿Por qué encubrieron estos datos a la compañía aérea, sabiendo la responsabilidad que tenía asignada?, ¿Influyó la noticia del reciente embarazo y finalización de la relación con su novia? Si lo que buscaba Lubitz era el suicidio, ¿Por qué no lo llevó a cabo solo en el aeroclub cercano a su domicilio?

Los daños causados por el posible homicidio involuntario son irreparables e inolvidables. La finalización de las investigaciones serán necesarias para dilucidar las causas, y asumir de manera fulminante todas las responsabilidades, y actualizar cuanto antes los protocolos actuales. La depresión es un síndrome caracterizado por una tristeza profunda, y por la inhibición de las funciones psíquicas. De ahí que el Fiscal, Brice Robin, dedujera que fue un acto involuntario e irracional. Su única intención, añadió Brice, era destrozar el avión, sin causar daño a los pasajeros.

El copiloto fue la primera víctima de la tragedia, y de su enfermedad. Murió cumpliendo sus sueños, pilotando solo la cabina del avión. Como el capitán que sabía que nunca llegaría a ser, debido de su inestabilidad emocional. La triste nube negra que posiblemente atravesó la mente de Lubitz, nos ha mojado a todos de tristeza. El tiempo irá secando nuestras lágrimas de rabia, dolor e impotencia.

José Luis Meléndez. Madrid, 29 de Marzo del 2015.
Fuente de la imagen: 20minutos.es

23 de marzo de 2015

El bosque urbano

Los reinos animal y vegetal, nos decían, son propios de los seres inferiores

Ya es primavera, y dentro de poco el mundo vegetal recobrará su tradicional protagonismo y engalanará con sus colores y su frondosidad nuestras calles. Pronto podremos asomarnos a los balcones y terrazas, respirar el aroma floral, y agradecer con insecticidas la visita de algún que otro insecto. "¡Uy, qué asco!, ¡mátale!, ¡mátale!", se oye decirle un bicho a otro, perteneciente a la plaga más destructiva de la tierra. Nos han enseñado desde pequeños a eso, a matar a otras especies, y muchos de nosotros todavía no hemos experimentado ni sentido la sensación gratificante de liberar siquiera a un inofensivo insecto, y reconciliarnos por un momento con el universo. Vamos tan absortos y ausentes por la ciudad y la vida, que solo nos damos cuenta de la entrada de la nueva estación, por los telediarios, y no gracias a los cantos de los pájaros, ni de los primeros brotes en los árboles.

El árbol, ha estado esperando todo el año nuestra visita, pero bien sabe cuál es el interés que nos acerca a él. ¡Qué poco comprometidos estamos con la naturaleza!, deben pensar o más bien sentir. Sí, ya sé que es un verbo inusual en estos tiempos, y que solo reservamos al prójimo humano, y sobre todo a nosotros mismos. ¿Cuántos de nosotros creemos haber amado, por haber sentido el amor de pareja en su vida? No me imagino un concepto tan ilimitado y profundo, reducido a un solo ser. El mundo de la pareja, se nos presenta como ese universo emocional caduco, primario y egoísta, en donde se anteponen los intereses personales, y se intercambian los deseos e instintos más básicos.

Los reinos animal y vegetal, nos decían son propios de los seres inferiores. Pero a estos sabios e ilustres se les olvidó, que casualidad, decirnos en qué términos basaban dicha superioridad. ¿En moralidad, quizás?, ¿en respeto a la naturaleza?, ¿en fidelidad?, ¿en amor incondicional?, ¿en tolerancia de aceptar al otro cómo es?, ¿en la manera de matar sin motivo alguno? ¡Ay!, qué enriquecedor y terapéutico es a veces desandar el camino que nos marcaron, y abandonar las sendas demasiado pisadas. ¿Volverán aquellos tiempos en los que una ardilla, podía atravesar la Península ibérica de un extremo a otro, saltando de un árbol a otro? ¿Por qué tenemos a estas alturas, tan poco interiorizado el reino vegetal?

El otoño y el invierno, estaciones propicias para la poda, han quedado atrás. Me imagino imaginarme las sensaciones captadas por un árbol, al presentir las vibraciones en su tronco de una motosierra. El sonido del torno bajo anestesia, en la consulta del dentista, no deben ser más que ñoñerías disfrazadas de cosquillas y repeluses. Ya en el bosque urbano, las primeras imágenes que me vienen a la mente son las de aquella mañana de un sábado lluvioso. Ese día empecé a oír un lento crujido sin saber al principio de que dirección venía. Al darme la vuelta, pude terminar de contemplar la escena. Un pino de unos sesenta años, caía lentamente al suelo. La última expiración, y el último y quizás único movimiento de su tronco. El árbol aún con vida en el suelo, y yo con la impotencia y la rabia de no poder levantarle y volver a plantarle. La humedad del suelo y su desequilibrada copa fueron sin duda la causa de su lenta muerte. Ya van más de cinco en el parque entre talas y caídas. Se ruega una emoción por sus almas…

Ahora me encuentro a escasos metros de los pinos, cobijado bajo sus frondosas copas, sobre el acolchado césped. Aprovecho el paseo con mi mascota para extender de forma imaginaria e inmóvil mis brazos como ramas, en un intento de sincronizar el mundo orgánico, con el vegetal. Intento descifrar sus emociones. Las tremendas cicatrices de mi corteza, y la inclinación de mi tronco, pasan desapercibidos a los ojos de los viandantes, que pasan a mi lado, con la superioridad e indiferencia propia de su especie. Muchos de los transeúntes ignoran que suavizamos las temperaturas, damos cobijo a los pájaros, hacemos de pantalla acústica y visual, aumentamos los niveles de oxígeno, absorbemos más de un veinte por ciento de las emisiones de anhídrido carbónico o CO2, que generan sus actividades, y capturamos el polvo y las partículas contaminantes de nuestras hojas. ¿Qué recibimos nosotros a cambio?

Ni siquiera los resultados de los trabajos realizados por Frances Kuo, y Peter Harnik, han producido un acercamiento más igualitario entre nuestras especies. Y no será porque no lo intentamos, como hemos visto anteriormente. Kuo y Harnik, constataron por medio de sus estudios, la influencia que ejerce el medio sobre la especie humana. De esta forma llegaron a concluir que las personas que viven cerca de zonas verdes, superan mejor el estrés, y son menos agresivas y violentas. Asimismo comprobaron que pacientes con enfermedades con el déficit de atención por hiperactividad o TDH, la ansiedad, y la tensión arterial mejoraban en entornos naturales, y presentaban índices de mortalidad más bajos.

Los árboles ofrecemos de manera gratuita nuestros frutos, y alegramos las calles. Aunque el ruido de vuestros motores os impida escuchar y siquiera oír, el auditorio natural de música pía, que tiene lugar cada día en el escenario de nuestras ramas. Es triste y a la vez doloroso, después de tantos años anclado a esta tierra, tener que decirlo, pero voy a aprovechar la oportunidad de este exorcismo humano, para que vuestra especie sea consciente de algo que los pájaros, las orugas, los insectos, la tierra, el fuego, el agua y el viento hace tiempo que saben: somos seres vivos, y como tales presentimos como vosotros. Presentimos nuestros cadáveres en vuestros parques. Ese mobiliario urbano y de madera, al que de forma eufemística os referís con el término de bancos, y que de manera cruel colocáis a nuestro lado, como previo aviso del destino que nos espera. La escasez de los nidos en nuestras ramas, y las decapitaciones y amputaciones a las que de manera cobarde llamáis talas.

No, los árboles no nos caemos, nos empujáis con vuestras podas agresivas. En lugar de realizar una poda de mantenimiento o de aclareo de ramas, cada tres años, consistente en quitar las ramas viejas, conservando de esta forma la estructura vigorosa del árbol, nos aplicáis podas como el desmoche, cortando nuestro tronco principal, o las de terciado quitando la tercera parte o dos tercios de las ramas. Sabéis que este tipo de podas están reservadas para casos extremos como ramas secas grandes o hermanos enfermos. Ni nos caemos, ni nos morimos. Simplemente nos aplicáis una pena de muerte pasiva, o demasiado activa y tortuosa, como consecuencia de una implacable tala. Nos morimos por la inmensa tristeza de haberos dado tanto, y no sentirnos mínimamente tratados y comprendidos, a pesar de vuestro cobarde secuestro de nuestra tierra madre.

Los recortes de personal, y la mala situación y elección de nuestra especie en lugares no apropiados nos han conducido al trato degradante y doloroso. La pasividad de vuestra administración, su falta de control y supervisión de podas, unidos al intrusismo de la profesión, provoca que algunas talas se produzcan en primavera, este año con razón de más, al tratarse de un año electoral. Una época del año en la que la creciente circulación de nuestra savia se ve imposibilitada de cicatrizar con normalidad vuestras heridas, por su función primordial del crecimiento, produciéndose de esta forma nuestra infección, e incluso desangrado por la atracción a la misma de los insectos y de otros agentes patógenos. ¿Será necesario de nuevo que la baronesa Thyssen, haciendo honor a su nobleza interior, vuelva a encadenarse a nuestros hermanos centenarios del Paseo del Prado de Madrid, con objeto de impedir que el Consistorio Madrileño descuartice nuestros troncos?

Vuestra Administración debería de estar más implicada a través de campañas de sensibilización medioambiental, y a la hora de plantar especies debiera considerar aspectos como nuestro tamaño, clima, frondosidad, agresividad de nuestras raíces, resistencia a las plagas y enfermedades, y velocidad de crecimiento. El año pasado se saldó con dos personas muertas y una veintena de árboles caídos en Madrid. Aún nos seguimos preguntando qué autoridad moral tienen vuestras autoridades municipales de izar y portar el símbolo de un hermano nuestro como es el Madroño, en vuestro escudo de Madrid.

No os confundáis, ni permitáis que os confundan. Ya lo habéis oído. A partir de ahora, cuando paséis por nuestro lado, y seáis conscientes, podréis certificar nuestro estado. Es necesaria la colaboración conjunta de arquitectos, urbanistas, técnicos en jardinería, y la supervisión y responsabilidad de la Administración en estos proyectos a través de duras sanciones y/o expedición de licencias. Solo de esta forma podrán evitarse daños y talas dolorosas e innecesarias en un futuro. Os esperamos. Hasta pronto.

José Luis Meléndez. Madrid, 22 de Marzo del 2015

16 de marzo de 2015

Don limpio

El Partido Popular ha decidido volver al todopoderoso mundo de las palabras

Las décimas de temperatura que los termómetros sociales vienen observando y recogiendo en el cuerpo de la Judicatura, siguen sin bajar ni estabilizarse. La dimisión del Fiscal General de Estado Torres Dulce, del Ministro de Justicia Ruiz Gallardón, el imparable relevo de jueces en la instrucción de sus causas, y las recientes y escasas muestras de colaboración de la Agencia Tributaria con el juez Ruz, son claros síntomas de la enfermedad que adolece el sistema judicial de la legislatura Rajoyniana.

El departamento de I+D (ideas más deslumbrantes) del Partido popular, abrumado ante el creciente número de imputados que aun pululan a sus anchas por el territorio nacional, ha decidido una vez más, volver al mundo todopoderoso de las palabras mágicas, para intentar bajar la fiebre, y mejorar dicho sea de paso, sus intenciones de voto en las urnas. Ahora es cuando las palabras electorales adquieren su verdadero embrujo, y los partidos exhiben, al menos lo intentan, su denodado duende andaluz.

El Pepé, ante la falta de espíritu festivo, ha optado por frotar su lámpara mágica, y recurrir a su genio y adivino particular: quiero una casa limpia, desinfectada de imputados, y sin olor a caja B. “Tus tres deseos te han sido concedidos. Para ello solo tienes que llevar a cabo una simple acción: cambia el nombre de imputado por el de investigado. Una vez que pronuncies esta última palabra, verás cumplidos tus deseos”, ha respondido el genio limpiador. Dicho y hecho. El milagro se ha hecho realidad: ya no existe, ni existirá ningún imputado en España.

La colección de eufemismos de la crisis, ya tiene un nuevo miembro. La hipotética recesión no fue tal, tan solo unos mesecillos de crecimiento negativo. Los recortes se transformaron en reformas hechas con las mejores de las intenciones, y los 70.000 millones de euros del rescate económico de España, tan solo han quedado en eso, en una nimia intervención. Por esta razón La Troika, ante los logros obtenidos durante estos siete años de crisis, ha decidido limpiar su nombre e imagen, y bautizarse con las respetables siglas de Las Instituciones.
¿Ocurrirá lo mismo con los enfermos que una vez tratados en los hospitales, sigan su tratamiento, y pasarán a ser considerados con la etiqueta de pacientes, respetándose de igual forma su presunción de enfermedad?

La nueva Ley de Enjuiciamiento establece unos plazos y límites máximos de entre doce y dieciocho meses para procedimientos sencillos y de mayor trascendencia, respectivamente. Dichos plazos solo serán prorrogables si así lo decide el Fiscal, o representante del gobierno en la causa. Lejos de agilizar los procesos, algunas voces autorizadas en la materia, ya atisban en lontananza, el cierre de procedimientos en falso, ante la falta de tiempo, si estas medidas no van acompañadas por un apoyo material y humano. Con este nuevo procedimiento, señalan dichas fuentes, hubiera sido imposible llegar a la instrucción de macro causas como el caso Noos o la Gürtel, entre otros.

Se acabó la acción de imputar y/o de atribuir a uno alguna cosa. Solo falta que la RAE, desautorice y/o desaconseje el empleo del sustantivo, que tanto daño ha hecho a la sociedad y a la clase política. Doña caca, y Don limpio, personajes traídos al ruedo electoral por el portavoz popular Rafael Hernando, al fin se han reconciliado. El Pepé ya tiene reservado y casi limpio su traje de bodas, y pronto podrá celebrar su evento nupcial con los electores.

Pero en vista de la última, y más que sincera, invitación electoral de primeras nupcias, ante la ausencia de polígrafos, y la abundancia de mítines, será más que aconsejable seguir los consejos de los mayordomos, como es la de realizar la prueba del algodón a las mansiones y panfletos de los señoritos. Una prueba infalible que resume el gremio en un escueto eslogan: “el algodón no engaña”.

José Luis Meléndez. Madrid, 15 de Marzo del 2015
Fuente de la imagen: Flickiver.com

9 de marzo de 2015

El piloto

Todos esperaban un Mariano Rajoy más cercano, campechano y comprometido

Dice un aforismo, que en las tormentas es donde se forjan y conocen los mejores pilotos. La forma de acercarse a los ciudadanos, hablar y solucionar sus problemas, es sin duda un valor muy tenido en cuenta por los votantes en época electoral. Las frases hechas de los mítines, se las lleva el viento, y son en última instancia la fuerza de los actos postelectorales, los que dotan de coherencia y credibilidad, las palabras prometidas durante el cortejo nupcial.

Saber estar en el lugar, y en el momento oportunos, es una garantía de éxito personal y profesional. Pero maniobrar con la nave a la deriva en beneficio de toda la tripulación, no ha sido una de las características de la clase política española. La privilegiada tripulación del IBEX 35, de las grandes fortunas, los corruptos, los defraudadores fiscales, y los inquilinos de los paraísos fiscales, siguen viajando en business, sin tarjeta black. La clase turista, se ha equivocado de avión, y el piloto se ha olvidado del resto de la tripulación. Sálvese quién pueda. Se ruega mantengan la calma. Gracias (ya saben: disculpen las molestias, estamos trabajando, enseguida vamos).

La crecida del Ebro, ha supuesto una auténtica prueba de fuego para el gobierno, y la clase política, desde el punto de vista de las medidas preventivas, y de las actuaciones emprendidas. Los semblantes desencajados de los afectados que lo han perdido todo, contrastan de forma insultante con los rostros eufóricos y electorales de sus señorías. «¿Qué coño tiene que pasar en este país para que Rajoy salga de la Moncloa y pise el barro?». Las palabras del actual jefe de la oposición, Pedro Sánchez, pronunciadas con atuendo deportivo, y sudadera roja, dirigidas a un ex plasmado y distante Presidente del gobierno, reflejan la impotencia, y la indignación que puede llegar a sentirse, desde el lugar de los hechos.

Rajoy no ha acudido con la misma prontitud e indumentaria con la que acudió en su día a visitar el chapapote (miña terra Galega). Lo ha hecho casi una semana después de la tragedia, bajo el rito genovés de su partido, con su respectivo protocolo en diferido. Todos esperaban un Mariano Rajoy cercano, campechano y comprometido, pero en su lugar ha venido un Presidente de gobierno marcando distancias con su americana marengo, a juego con la carretera lejana y gris, desde la cual ha preferido hacerse la foto, y contemplar el desolado paisaje.

El piloto Rajoy, ha mostrado una vez más una gran maestría en los despegues electorales, una pésima pericia en el control de las turbulencias, y una cierta tendencia suicida en los aterrizajes forzosos de su legislatura. Le resulta más cómodo y sencillo volar bajo el piloto automático de las Instituciones, y de las corrientes aéreas alemanas. Tal vez así se sienta tan seguro y capaz, como la gaviota que posada en el barco, incapaz de emprender su vuelo, prefiere dejarse llevar y sentir el aire en las alas, mientras su mirada aguarda al acecho, desde lo más alto del mástil.

José Luis Meléndez. Madrid, 7 de Marzo del 2015.
Fuente de la imagen: Flickr.com

5 de marzo de 2015

Buscándome

Intento medir, antes de volver, la distancia que me separa de la realidad, y de mi mismo.

Se acabaron las carreras. La rodilla izquierda ha quedado definitivamente resentida por las prisas, y el ímpetu que en su día derroché, con la intención de llegar con la suficiente antelación, al septuagésimo quinto aniversario de la muerte de Machado. Un solemne y emotivo acto, que tuvo lugar el año pasado en El Ateneo, el cual recuerdo con especial cariño. Imagino la escena, y el cariñoso reproche del profesor: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Desde entonces, he sustituido el footing por la natación, he incorporado el paseo Machadiano como ejercicio diario, y presumo como usuario de utilizar para mis desplazamientos, el mejor vehículo jamás inventado: el cuerpo humano. Una oportunidad y una excusa perfecta, para escapar del mundo virtual, y percibir con todos los sentidos, la realidad palpitante de la calle.

Ya en el exterior, sin radio, móvil, ni portátil, siento y agradezco la anhelada libertad del peatón desmotorizado. Las caricias del aire en mi cara, y el calor del sol relajando mi cuerpo. Oigo e intento escuchar el lenguaje piador, y los cantos alegres y matutinos de las aves, y respondo con mi mejor sonrisa, al saludo sonoro y corpóreo que los brazos de los árboles me dedican, con el movimiento de sus hojas.

Bienvenido a la realidad. Respiro el aroma floral de las plantas, y un olor húmedo y refrescante a hierba y a tierra mojada, asciende desde el suelo hasta las vías respiratorias, inundando en una única y profunda inspiración, el interior de mis pulmones. Siento como el corazón y la mente se abren como una flor, y aprovecho la ecuanimidad del instante, para intercambiar emociones con los viandantes y sus mascotas. Hoy no voy a permitir que los emoticonos castren la capacidad expresiva de mis palabras, y de mi lenguaje no verbal.

Enseguida noto los saludables beneficios del paseo. Como estimula mis sentidos, y los humaniza. Mientras las inquietudes, ideas y pensamientos se resuelven, ordenan y encajan con la precisa arquitectura de un tetrix, en el interior de mi cerebro. El ciudadano de la gran urbe, encapsulado y preso, ha logrado una vez más, salir y escapar de las vidriosas cabinas urbanas que forman las habitaciones, los autobuses, los vagones y los coches, y transformarse por un momento en un caminante libertario y provinciano.

Mientras el alma secuestrada por los estímulos artificiales, apura sus últimos momentos para buscarse y encontrarse consigo misma, y las cárceles vidriosas esperan impacientes el regreso de su inquilino y ex presidiario urbanita, intento medir antes de volver, la distancia que me separa de la realidad, y de mi mismo.

José Luis Meléndez. Madrid, 4 de Marzo del 2015
Fuentes de las imágenes: Flickr.com