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13 de octubre de 2017

155 palabras

El señor Rajoy está dispuesto a intervenir Cataluña, después de haber permanecido impasible durante estos años

"Sin ley no hay democracia", exclamó ayer en el Congreso de los Diputados el Presidente del Gobierno, al señor Iglesias. Con esta afirmación, el señor Rajoy, confirma su indisposición a hablar dentro del marco que según él, la ley le otorga (todas las leyes en su fase inicial son ilegales, hasta que son aprobadas).

A estas alturas, uno se pregunta si el PDeCAT, la CUP, Y ERC, son partidos ilegales. Que las propuestas no se ajusten a derecho, no le excusa al presidente de su obligación de escuchar cualquier tipo de propuestas encaminadas a desbloquear la grave situación por la que atraviesa España.

A tenor de la lógica puesta de manifiesto en la escueta y socorrida cita Rajoniana, se puede concluir por tanto, que no fueron demócratas, aquellas personas que durante el Franquismo lucharon en la clandestinidad (al margen de la ley), para traer la democracia de la que ahora disfrutamos todos, incluido el señor Rajoy.

Peor que el nacionalismo de una región, es el patriotismo de una nación, le ha venido a replicar el diputado nacionalista Aitor Esteban, al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en vísperas del día de La Hispanidad. Un día por cierto, en el cual no han acudido a la Fiesta Nacional, los diputados nacionalistas de Navarra, País Vasco y Cataluña.

Le ha faltado al señor Rajoy y al Partido Popular, un mínimo grado de autocrítica y de responsabilidad, ante la pasividad manifiesta ejercida durante la Legislatura, con respecto al tema catalán, y le ha sobrado al PSOE y a Ciudadanos, la complicidad, la objetividad y la gallardía suficientes para recordárselo a dicho grupo en la Cámara.

Una actitud hasta cierto punto comprensible, si se tiene en cuenta que los políticos hablan más de lo que dialogan, y dialogan más de lo que se escuchan (el arte de la oratoria no incluye la facultad de escucha). El discurso parlamentario ha perdido la erótica parlamentaria de antaño: sus tics, sus toques, y aquellos guiños con los cuales se pretendía y conseguía seducir al otro, para provocar acuerdos. Eran los "ritos de apareamiento" a los que aludía Xavier Arzalluz.

Ahora en el Congreso se platica, se suplica, y se despotrica, y se ha perdido con la llegada de la nueva y joven generación, el arte de la palabra. El Congreso, como demostraron los Padres de La Constitución, no es el lugar apropiado para llegar a acuerdos. Si lo son por el contrario aquellos sitios en los que reina un ambiente distendido, existe igualdad de tiempos, y se está al margen de la solemnidad, la pomposidad y la rigidez que impone el ritual político y litúrgico.

La comunicación es uno de los pilares fundamentales de la política, y de las relaciones humanas. Sin dialogo no existe entendimiento, y sin acuerdos, son inviables los proyectos. El señor Puigdemont ha firmado la Independencia de Cataluña, pero no la ha proclamado. La ha dejado sin efecto, de manera temporal (con el correspondiente enfado de la CUP), con objeto de abrir una nueva etapa de diálogo. El señor Rajoy ha obviado otra oportunidad, y ha iniciado su "diálogo" a la gallega, con una escueta pregunta cerrada, en forma de requerimiento legal, activando con ello, el artículo 155 de la Constitución, abriendo así un nuevo escenario incierto y de consecuencias impredecibles.

Ni los ciento cincuenta caracteres de Twitter, ni las 155 palabras de diálogo que los españoles le reclamaron a Rajoy, han surtido efecto. El señor Rajoy está dispuesto a intervenir Cataluña, después de haber permanecido impasible durante estos años. Como si sus políticas no fueran responsables del aumento del Populismo y del Independentismo en España.

José Luis Meléndez. Madrid, 12 de octubre del 2017
Fuente de la imagen: commoms.wikimedia.org