Translate

30 de agosto de 2016

Si un día me voy

"Si un día me voy, en compensación a los daños ocasionados, me gustaría tener buenas vistas, y que mis cenizas dieran verde a lo alto de este monte".

Queridos navarros y navarras:

Siento enormemente el incendio ocurrido los últimos días en vuestras tierras. Las llamas han llegado a un escaso kilómetro y medio de Añorbe, un pueblo encantador de la ribera, en el que actualmente tengo familia. Mi tío Paco, que reside ahí, ha sido mi gran maestro en la cocina, y me he acordado estos días de sus clases (con aperitivo incluido), de la infancia. 4000 hectáreas quemadas. El mayor incendio en 30 años en tierras navarras. Todo debido, parece ser, a una colilla arrojada por la ventana de un coche. Espeluznante.

Pero haciendo un acto de sinceridad, también me he acordado de aquel día terrible, en que un servidor, casi quema, sin intencionalidad alguna, el monte de San Martín, que corona el pueblo de Añorbe. Entonces tenía seis años y me apasionaba la naturaleza de los elementos como el fuego. Era la época en la que los reyes te traían el Cheminova, un juego para iniciarse en la química, compuesto por una serie de artilugios, con los que podías hacer experimentos. Entonces los Reyes Magos, al igual que nuestros políticos, también eran aforados, y no tenían ningún tipo de responsabilidades...

En un paseo con la familia, se me cayó una cerilla al suelo, y empezó a arder en primer lugar la paja de los caminos, que posteriormente se propagó de manera ascendente hacia lo alto del monte. Las voces de los mayores me asustaron, y me fui corriendo al pueblo. Allí permanecí escondido toda la mañana detrás de la puerta de un patio.

Hizo falta que salieran todos los tractores del pueblo, y los sonidos de las campanas repicando no hacían más que estremecerme. Cuando salí (todos me estaban buscando), no se le ocurrió a mi familia otra cosa que decirme como que iban a meter a mi padre en el castillo (yo era menor de edad).

Años después he regresado al pueblo en un par de ocasiones, y no solo me han perdonado la vida, sino que hemos cantado, bebido y comido juntos, sabiendo quién era. Incluso sin conocerme lo suficiente, me han llegado a ofrecer de postre especial la amistad de alguna de sus hijas. :)

Así son los navarros. Gente abierta, de buen corazón, amable, educada, y nada rencorosa. Os admiro y os llevo a todos en el corazón.
Si un día me voy, en compensación a los daños ocasionados, me gustaría tener buenas vistas, y que mis cenizas dieran verde a lo alto de este monte.

Gracias a todos

¡Viva Navarra!

Fuente de la imagen: ieszizurbhi.educacion.navarra.es
José Luis Meléndez. Madrid, 30 de agosto del 2016

Dos planetas

Sí, eso quizás hemos sido: dos planetas que no llegaron nunca a tocarse.

Que absurdo es decir adiós, a una historia que nunca existió; a una vida nueva que pudo ser y no fue. Intentaré olvidar las vueltas que he dado estos años alrededor de ti, como si fuera un astro poseído por el resplandor de tu luz, y la gravedad de tu belleza.

Sí, eso quizás hemos sido. Dos planetas que no llegaron nunca a tocarse. Que no se atrevieron a verse ni a mirarse, por miedo a desintegrarse juntos, en una nueva estrella más grande, luminosa, impredecible e incierta.

Tú como siempre: inerte, seductora, distante y resplandeciente. Intentando ocultar la existencia de algún que otro planeta más cercano a ti. Yo temeroso de amarte, al ser consciente de que mis sentimientos, son lo suficientemente grandes y auténticos, como para habernos envuelto juntos en una ardiente y apasionada lengua de fuego, incontrolable y arrolladora. Fiel cada día a la órbita injusta y equidistante que años luz nos separa. Triste al ver como hoy tu infidelidad e indiferencia, me obligan a dejar de seguir el tránsito de tu misma órbita.

Lamentaré no tenerte, mientras observo cómo te pierdo, y como me gano. Soñaré siempre con respirar el perfume aún desconocido de tu atmósfera misteriosa. En ser el cometa que un día dibuje en el universo, una constelación formada por las letras de nuestros nombres.

Giraré sobre mí mismo, pero eternamente alrededor tuyo. Como si una fuerza misteriosa, me anunciase de una forma ilusoria, que solo tú eres mi única estrella, y no el agujero negro, que cada día me absorbe y me devora.

José Luis Meléndez. Madrid, 7 de Mayo del 2016

25 de agosto de 2016

Hay noches...

Hay noches de agosto
en jardines privados;
hay botellas con alma sin mosto,
y amigos abstemio educados.

Hay gatitas que asaltan tejados,
deseando ser amadas;
hay plantas maltratadas,
aborrecidas por malvados,
que regar de madrugada.

Hay un hombre sin techo, desecho,
que acude a la fuente del parque;
hay un amigo que espera el desmarque,
de su medicina maltrecho.

Hay corazones hermanos,
que se dan la mano;
hay almas que juntas entonan,
cuándo la luna se asoma,
un canto cercano.

Hay aspersores del césped que calan,
que mojan y empapan;
que no logran curar la embriaguez,
de una inclinada pared.

Hay una perra, que sin molestar
no conoce a su dueño;
hay más malestar,
que ganas de sueño.

Hay un tipo sentado,
con pinta chunga en el espejo;
hay un señor despejado,
que veo borroso a lo lejos.


Historia del poema
He invitado a cenar a mi amigo Miguel. Le he preguntado el día anterior que deseaba para beber. Me ha contestado que agua. Lo he tomado como un cumplido, y he decidido abastecerme de provisiones. Esta noche he cocinado como anfitrión, a petición del invitado, una paella vegetariana. Durante la preparación de la misma, he ofrecido a mi amigo cerveza, pero me ha confirmado in situ su lamentable abstemia. Como entrantes hemos tomado unos sándwiches vegetales. Hemos cenado en el jardín a cielo descubierto en esta noche tranquila de agosto. Durante el transcurso de la cena Nacha, la gatita de mi vecina, ha pasado a saludarme. Ha descendido por el tejado a la valla, y no ha podido continuar debido a la enredadera que cortaba su camino. En ese momento, la he llamado, ha venido, y se ha dejado coger sin mucha dificultad.

A la una y media, se ha ido mi amigo. Se ha ofrecido a ayudarme a fregar, pero no lo he permitido. Acto seguido he procedido a fregar, y he optado mientras tanto por terminar las botellas empezadas. A las dos y cuarto aproximadamente, he sacado a mi mascota, y posteriormente, me he dirigido a la fuente que hay en el parque, enfrente de la calle Bembibre, con objeto de regar dos palmeras olvidadas y maltratadas por los vecinos, que se encontraban en un estado lamentable. Al proceder a llenar unos bidones de agua, he visto como se dirigía hacia mí una persona sin techo. Una vez se ha acercado, se ha dirigido a mí de forma balbuceante. Los dos teníamos prácticamente el mismo estado de embriaguez, pero hemos logrado entendernos a la perfección.

Me ha explicado cómo ha podido, que venía a por agua para dar la medicación a su compañero que estaba enfermo en el colchón de un soportal. Para ello me ha explicado que una de las botellas que llevaba (la más limpia), la iba a reservar para su compañero, y que él iba a coger una del contenedor amarillo para su uso propio. El hecho de levantarse y venir a la fuente, y el de reservar la mejor botella para su compañero, me ha sobrecogido de emoción el corazón, de ahí la expresión: “hay corazones hermanos, que se dan la mano”. Mientras han saltado los aspersores del césped, y nos hemos mojado juntos. Ha sido la ducha más emotiva y solidaria de mi vida. En la foto 1 (nocturna), se puede ver a la izquierda la sombra de la fuente, y al final los contenedores de basura. En la foto2 (diurna) la fuente y el césped del parque.

Agradecimientos:
Gracias, Miguel: al final te bebistes un vaso de sidra, y eso que tenías que conducir un largo trayecto. Sin tu abstemia no hubiese sido posible esta noche mágica, de conexión con las musas.
Gracias Kutxi por tus cuidados. Gracias Nacha por tus visitas. Gracias amigo desconocido por aquel encuentro noctámbulo y fraternal. Gracias al agua por intentar aliviar mi malestar pasajero. Gracias al sueño por devolverme a mi mísmo.
Gracias a los vecinos del bloque de la calle San Pedro de Cardeña, 68 por cuidar de vuestras plantas. Solo pedían un poco de agua.
José Luis Meléndez. Madrid, 9 de agosto del 2016